Un canto (no tan) rodado. “Las aguas tranquilas. Ocho poetas vascos actuales”

por | Ene 6, 2019

Un canto (no tan) rodado. “Las aguas tranquilas. Ocho poetas vascos actuales”

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Las aguas tranquilas. Ocho poetas vascos actuales

Edición de Aitor Francos

Sevilla, Renacimiento

355 páginas, 18,91 euros

Los libros son ventanas. Espacios por los que asomarse para conocer nuevas fantasías, realidades, voces desconocidas e incluso ver nuestra realidad, si es que esto existe, a partir de otros puntos de vista. Con esta premisa, las antologías de varios autores convierten un libro, entonces, en un gran edificio lleno de ventanas. Algunas tienen vistas al exterior y otras al interior. El poeta Aitor Francos ha recogido para la editorial Renacimiento las voces de ocho poetas vascos que escriben en euskera. La alineación elegida es: Rikardo Arregi, Luis Garde, Miren Agur Meabe, Juanra Madariaga, Karlos Linazasoro, Harkaitz Cano, Ángel Erro y Leire Bilbao. En el prólogo de Las aguas tranquilas, Francos ya explica que uno de los objetivos de esta edición es dar visibilidad a unos autores y autoras más allá del ámbito de influencia que marca el idioma en el que se expresan. 

El descubrimiento de voces diferentes es siempre motivo de celebración. Además, en este caso la traducción no se ve como una herramienta para salvar la distancia del idioma que nos es ajeno sino que convierte la versión traducida en nuevos poemas. La razón es que la mayoría de los poemas presentados en este volumen han sido traducidos por los propios autores, con lo que han creado nuevos poemas con la libertad, o no, que da ser el responsable del original. Como dos orillas que acotan las aguas tranquilas. Francos asegura que solo en este tipo de aguas es posible la sedimentación y la transparencia. También previene que toda elección supone un rechazo y esta antología no responde “a una panorámica amplia” sino que es “fruto de unas pocas afinidades, de lecturas intensas e indecisiones”. Además, el libro incluye, a modo de presentación de cada poeta, un prólogo, en el que la mayoría ha optado por un poema donde explica su poética. Un arma de doble filo ya que el poeta debe explicarse en sus poemas y, aunque un prólogo puede alertar, también sobrescribe e incluso puede confundir. El resultado es irregular por definición. Francos prefiere una piedra con muescas a un canto rodado.

Esta antología no es un edificio con sólidas paredes, tampoco se pretende, que muestra una voz poética vasca única. En esta casa de ocho ventanas entra la luz desde distintos puntos. Aunque se distinguen elementos comunes como la casa como un lugar a veces hostil, a veces reparador, los lugares y las preocupaciones de estos poetas son muy parecidas a las de otros poetas que escriben desde otras ventanas mucho más lejanas. Eso elimina distancias entre otros lectores y otros escritores aunque también, de alguna manera, homogeneiza el discurso sin el elemento diferenciador fundamental del idioma. Ángel Erro reta cuando escribe que “todo está dicho, pero no por mí”. A veces, este lector tiene la duda de que eso sea suficiente. 

Uno se pregunta si las aguas por las que discurren estos poetas no están demasiado tranquilas. Salvo pequeños torbellinos como ciertos poemas de Miren Agur Meabe, “Yo sueño con una carne nueva”, donde el verso se convierte en una tensa cuerda entre el poeta y el lector, o de Leire Bilbao, “El día de tu muerte me compré una lavadora”, donde lo cotidiano es una orilla y el latido personal es la otra, las voces se amansan con otros poemas menos pulidos donde lo cotidiano o el juego de palabras no es un paso a una mirada más profunda. La mirada de Juanra Madariaga destaca por su solidez, “Hace frío en la frontera de la casa”, basada en el convencimiento de que “la poesía es un agente doble” donde la indagación a partir de palabras escogidas, como quien va a tientas en “una nebulosa intransitable”, le otorga seguridad.

Decía aquel que el río es el mismo pero el agua siempre es distinta. Las voces vascas recogidas en este volumen discurren animosas y frescas sobre un río antiguo. El caudal es muy generoso. Sobre el lecho descansa, ahora, un canto no tan rodado lleno de piedras irregulares e imperfectas.