Una novela social de amor. “Feliz final”, de Isaac Rosa

por | Ene 7, 2019

Una novela social de amor. “Feliz final”, de Isaac Rosa

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 Isaac Rosa, Feliz final

Barcelona, Seix Barral

344 páginas, 18,50 euros

Ya el título de esta novela anticipa el arriesgado juego que caracteriza su construcción: el tiempo del discurso y el tiempo de la historia se desarrollan en direcciones contrapuestas;  la historia nos la cuentan, alternando sus voces, los dos protagonistas en orden inverso al que ocurren los hechos. El “feliz final” ―invertido también el orden del cliché― es por ello la última página de la novela (el prólogo), en la que se narra el inicio de la historia de amor entre ambos, mientras que la página inicial (el epílogo) se sitúa en el traumático fracaso de la relación. En el discurso tejido por ambos ―pareja heterosexual, pequeño burguesa, mediana edad, progresistas y cultos― vamos pasando por las etapas del desencuentro desde sus consecuencias hacia sus causas hasta llegar a la génesis del proyecto de vida en común que un día trazaron.

Este juego discursivo no es gratuito, como tampoco lo es el título, que incrementa la carga de ironía que pone la historia sobre cualquier idealización del amor. A través de las etapas de la degeneración de lo que un día tuvo vocación y promesa de perdurabilidad, se vislumbra un axioma de toda literatura realista: que lo privado no es ajeno a las acechanzas de lo público; que crisis sociales y políticas devienen sin remedio en crisis de las formas entender y representarnos la subjetividad, las emociones, los sentimientos y las relaciones; en definitiva, que el amor es también política. Y entonces vemos que la incapacidad que demuestran los dos personajes para bien amarse tiene que ver con no poder sobreponerse a veleidades, mezquindades e incompatibilidades de carácter, pero también ―quizá, sobre todo― con cuestiones solo aparentemente ajenas a lo subjetivo y privado: la inestabilidad económica, el cansancio y la falta de tiempo producido por extensas jornadas laborales, el deterioro de los servicios públicos, los sobresaltos del precio del alquiler… asuntos que comparecen continuamente cuando los personajes tratan de explicarse por qué no van a ser capaces de cumplir con el compromiso originario de envejecer juntos.

Isaac Rosa (Sevilla, 1974) es un explorador de la realidad que no repite tema ni apuesta narrativa, sino que aspira a formular con cada novela una nueva pregunta dentro de un proyecto literario coherente y en el que no hay título prescindible alguno. En sus novelas previas ha tocado temas propios de la novela social y realista: la memoria histórica, el trabajo, el conflicto entre clases y grupos. También cuando habla del amor rehúye explicaciones simples. A Rosa le interesa no el amor como un ideal liberado de todo condicionamiento, sino como una fuerza que, o bien sale desde lo privado a transformar el mundo o bien es vencido por sus fuerzas. En este sentido, hay una vinculación entre esta y la anterior novela de Rosa, La habitación oscura, en la que algunos personajes encontraban en ella un refugio en el que agazaparse y capear las destemplanzas de la violencia social, estrategia que se manifiesta errónea. Igualmente el hacer del amor un resguardo egoísta frente a la inclemencia exterior, como se plantean estos personajes, aboca su relación al fracaso. Hay en todo ello una coincidencia con los maestros de la novela decimonónica burguesa, que hicieron del amor una clave para hablar del mundo social de su época.

Otro aspecto, aparte del tiempo, enseguida llama la atención del lector: la alternancia de voces, en letra redonda la de él y en cursivas la de ella. La novela es de hecho una conversación, unas veces agudamente fragmentada y otras con intervenciones prolongadas; en una ocasión, las voces llegan a ser simultáneas ―para lo que Rosa se vale de columnas que ya usó en El vano ayer―. Así se desvela una nueva clave: la imposibilidad de elaborar discursos únicos sobre las relaciones humanas. El relato sobre el amor es siempre difícil de articular porque en su verbalización se entrecruzan la dimensión moral del compromiso con el/la otro/a, una tradición cultural repleta de tópicos falseadores y la determinación de las lógicas ideológicas inconscientemente asumidas y contaminadas por una visión individualista y comercial de la vida.

Lo dicho es bastante para caracterizar esta novela por su arriesgada apuesta formal, por la compleja y novedosa manera de abordar el tema y por la estimulación intelectual que produce.