Un homenaje familiar honesto y valiente. “A corazón abierto”, de Elvira Lindo

por Nov 4, 2020

Un homenaje familiar honesto y valiente. “A corazón abierto”, de Elvira Lindo

por

Elvira Lindo, A corazón abierto

Barcelona, Seix Barral

384 páginas, 20,90 euros

“La familia bien, gracias”. Todas y todos somos conscientes de lo difícil que resulta hablar de la familia como concepto general y aun más cuando lo tenemos que contextualizar en la nuestra. ¿Por dónde se empieza y dónde se acaba?

Parece que Elvira Lindo (Cádiz, 1962) ha encontrado la fórmula perfecta para contar la historia de la suya de la manera más cercana y real posible. A través de distintas voces que salen de la boca de la autora en diferentes edades, nos llegan unas memorias literarias (que no son solamente memorias) en forma de novela en la que se dibuja un retrato y autorretrato emocional de la familia Lindo con una generosidad y humildad dignas de reseñar. Probablemente ha sido esta apertura en canal lo que ha cautivado a los lectores, quienes han convertido a este título en uno de los más solicitados en la venta online y en formato ebook desde su publicación, una semana antes de decretarse el estado de alarma a causa de la crisis sanitaria.

A partir de la llegada a Madrid en 1939 de su padre, Manuel Lindo —un niño de ocho años con la dirección de su tía anotada en un papel como equipaje— A corazón abierto recorre con sus personajes la historia de España a lo largo de un siglo convulso y cruel, lleno de cambios y trastocado por la guerra y la posguerra, escenario donde se enmarca la dura vida de los supervivientes que sin lamentaciones, luchan por seguir adelante.

En un ejercicio de distanciamiento, perdón, investigación y descubrimiento, Lindo muestra de forma valiente y verdadera a esos personajes tan cercanos en sangre pero tan alejados en todo lo demás como pueden llegar a ser los padres. El libro está enfocado principalmente en la figura de su padre Manolo, al que habla sin sentimentalismos ni rencor pero tampoco con falsa cordialidad, lo que se agradece y sorprende en el mejor de los sentidos. Dedica también tiempo y retrospectiva a su madre, Antonia Garrido, quien realmente pasó por una operación “a corazón abierto” y cuya delicada salud marcó sin duda a la familia durante toda su vida. Elvira muestra cómo vivió desde niña con preocupación y angustia todo lo que rodeaba a la figura materna, cómo la percibía como alguien frágil y triste que no supo educar ni educarse emocionalmente y quien tenía un concepto del amor tan extremo e imperfecto como su padre. También la propia Elvira se incluye en esta foto de familia; se recuerda y habla desde su niñez para llegar hasta su yo actual, a la adulta que escribe, cuenta y se enfrenta, dejando el miedo a un lado, a los fantasmas de su linaje y a las cosas dichas y no dichas.  De hecho, es la parte relativa a la adolescencia de la autora una de las más encantadoras del libro al presentarnos a la niña que crece y se convierte en una adolescente que descubre el sexo (“Yo, que jamás había recibido ni recibiría algo que se aproximara a una mínima educación sexual”), la política, las buenas y malas compañías y el primer contacto con el mundo laboral mientras cada noche antes de dormir sigue manteniendo conversaciones interminables con su hermana recordando a su madre.

Asistimos también, y una vez más, a una clase magistral de técnica en una narración que “cambia” de voz pero no de narrador en cada capítulo, con el peculiar tono cómico y directo de la autora, quien da a entender que ha sido su padre del que ha heredado ese afán por encontrar la esperanza de la risa hasta en la situación más dramática, eso sí, sin edulcorantes. El humor como escudo y espada contra la desolación, la soledad y la crueldad de la realidad del mundo. Hay también un bonito guiño a la metaliteratura con el relato sobre el proyecto escénico que ha salido de la vida de Manolo, convertido en poesía y música en “El niño y la bestia”, un cuento musical estrenado en Berlín en 2018. Se puede decir que así se cierra el círculo del homenaje también a la pieza artística como tal y a sus múltiples posibilidades.

A corazón abierto nos deja conmovidos y con ganas de buscar entre los recortes de periódicos que guardaban nuestros padres, madres, abuelas y abuelos para llegar a entender algo más de nuestra propia historia, con todo lo que eso conlleva. Porque, como bien dice la autora en una de sus muchas maravillosas frases, “no vivir es no sufrir y no saber”.

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