Una vida en las favelas. “El sol en la cabeza”, de Geovani Martins

por | Nov 7, 2019

Una vida en las favelas. “El sol en la cabeza”, de Geovani Martins

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Geovani Martins, El sol en la cabeza

Traduccion de Víctor Vicent Úbeda Fernández

 Madrid, Alfaguara

120 páginas, 16,90 euros

 

Un joven de las favelas no comprende por qué la gente lo mira con hostilidad. Todo viandante de las calles de Río de Janeiro, al verlo, pone en funcionamiento el estado de alerta y acelera su paso. Nuestro protagonista hace frente a la dura realidad, a las diferencias de clases de las que antes no era consciente. Esto le lleva a pensar: si nacer en las favelas me hace ser una amenaza, tendré que comportarme como tal. Así comienza a seguir a ancianas temerosas, a acechar sus bolsos y a acosar a empresarios. Lo divertido es ver sus caras de terror, solo es un juego. Aunque no tiene un fin último, él ya es víctima del determinismo que sirve como excusa a las clases acomodadas para que sus ‘inferiores’ sigan siéndolo y no aspiren a encontrar otro lugar en la sociedad. El brasileño Geovani Martins plantea este problema en uno de los relatos más impactantes de El sol en la cabeza, su primera recopilación de cuentos que emergen desde sus memorias para dar a conocer la situación de los barrios menos recomendados por las guías de viaje.

            Las drogas como vía de escape, como una diversión. Esta temática le sirve a Martins como enlace entre los relatos: los personajes conciben la droga como una forma de tantear los límites del propio cuerpo, de las relaciones sociales. Se cuenta lo divertido que es quedar con amigos para fumar marihuana o probar cosas más fuertes, pero el mensaje que realmente trasciende en la mente del lector es el del caos, el descontrol. Los sujetos siempre acaban en apuros, ya sea por una redada policial (lo que para ellos es sinónimo de amenaza constante, disparo inminente), por un ajuste de cuentas entre los círculos de narcotráfico, o por una mera reacción corporal no prevista. No es insólito que alguno de ellos acabe con un arma apoyado en la sien. En cada una de las páginas se siente la inestabilidad de sus vidas, y esa situación vital gobernada por las constantes amenazas llega a extenderse a la figura del turista, que bien podría ser el lector, traspasando las barreras de lo ajeno.

              Si es verdad que el autor ha optado por una pluralidad de narradores, pero en su mayoría los relatos suelen estar en primera persona. Esto lleva al lector a preguntarse cuánto de estos personajes forman parte la realidad de Martins, también residente de las favelas. Este, aunque nunca llega a declararse personaje, se ha encargado de retratar lo que han visto sus ojos durante toda su vida. Es capaz, entonces, de abarcar todas las etapas: la infancia y el fácil acceso a las armas; la adolescencia convulsa; la edad adulta, teniendo que lidiar con las costumbres del pasado y el deseo de ser aceptado en la sociedad; e incluso la vejez. No obstante, hubiera sido interesante haber incluido alguna protagonista femenina que denunciase de primera mano la opresión y la invisibilidad, pues ante este abanico de posibilidades, la mujer apenas sale reflejada. Siempre se encuentra en segundo plano: se la utiliza como medio para lograr un fin determinado; como símbolo del fin de la libertad del hombre; o como objeto de orgullo, celos y necesaria protección.

            Los relatos se muestran perdidos a la hora de encontrar su final. Suelen quedar inconclusos, en el aire, como las vidas de los personajes con un futuro incierto. Pero sobre todo destaca el afán del autor por explotar el lenguaje, con el que pretende plasmar el habla barriobajera. Aunque la traducción logra trasladarlo favorablemente, el lector de español asocia esas expresiones y formas de habla con otros lugares conocidos, llegando a olvidarse en ciertos momentos de que los personajes son de Río de Janeiro. En cambio, la versión original llega a distinguir el habla de las diferentes favelas solo por las expresiones, aportando una verosimilitud que con la traducción se pierde.

Más allá de su forma, El sol en la cabeza es la visibilización de una comunidad que parece olvidada desde las Olimpiadas y el Mundial de Fútbol de Río. Como imagen al mundo, el gobierno de Brasil no podía permitir la situación violenta de estos barrios, promoviendo entonces su pacificación y gentrificación. Muchas de estas favelas mejoraron en calidad de vida, algunas incluso (las del sur) son ahora visitadas por turistas y se consideran barrios comerciales y festivos. A pesar de ello, no hay que olvidar la espalda actual del gobierno, el aumento de los alquileres y la vuelta del narcotráfico a estas favelas, de ser así el desequilibrio y las desigualdades reflejadas en los relatos seguirán siendo una realidad.

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