Vivir de los cuentos

por | Oct 17, 2019

Vivir de los cuentos

por

Todos aquellos que nos dedicamos a la formación de docentes somos conscientes de la importancia de ayudar a que el alumno sea activo y constructor de significados en colaboración con el resto de alumnos y con el profesor. El proceso enseñanza-aprendizaje debe plantearse en un diálogo entre el alumno, su comunidad y el entorno. La docencia tiene sus dificultades y sus sinsabores, pero todos ellos pierden consistencia ante el gran privilegio que es ayudar a que otros se formen de la forma más plena posible. Una forma de lograr este propósito es mostrar que el lenguaje es una herramienta que expresa sentimientos, pensamientos y actitudes. De este modo, ayudamos a que los alumnos se desarrollen de forma integral y, específicamente, a que definan sus identidades. En la sociedad líquida que nos ha tocado vivir se multiplican las opciones (al menos aparentes), se desdibujan las fronteras (para bien o para mal) y se hace más y más difícil saber quién es uno y qué sentido tienen sus vivencias y quiénes son los que le rodean y cómo interpretar sus acciones. Los grandes relatos que han servido para dar sentido a generaciones anteriores han caído en un cierto descrédito, por lo que el sujeto tiene que estar constantemente elaborando nuevos relatos. En nuestro ámbito, debemos ayudar a que el alumno comprenda y elabore narraciones para que pueda dar sentido a quién es, a quiénes son los demás y cómo relacionarse con el mundo.

Los seres humanos de manera natural escuchamos y contamos historias tanto en la vida real como en las ficciones en las que participamos. Estas historias no son fruto de la ociosidad, sino que contienen inquietudes y enseñanzas fundamentales de nuestra naturaleza. Tal como señaló Schopenhauer en El mundo como voluntad y representación, la vida del ser humano es mucho más que la realidad objetiva porque el ser humano constantemente está soñando un mundo diferente. De modo que la vida se basa en ciertos hechos objetivos, pero la experiencia que tenemos de ella es la extensión de un sueño. La narración codifica la experiencia en unidades reconocibles y compartibles y, cuando esta incluye la imaginación, pone de manifiesto los deseos, las dificultades, los miedos, los retos, los éxitos y los fracasos de cada uno de nosotros y de la humanidad, porque todos participamos de la existencia como si fuéramos el héroe de las mil caras. Disfrutamos y sufrimos con las peripecias de Odiseo, Auristela y Periandro, Gabriel de Araceli, Asís Taboada, Pepe Carvalho, la Comunidad del anillo, la tripulación de USS Enterprise y otros muchos héroes. La narración se ocupa de dar significado a la experiencia, la cual no tiene naturaleza en sí misma porque el sujeto es construido en el discurso. Por ello, Paul Ricoeur dijo que: “una vida no es más que un fenómeno biológico en tanto la vida no sea interpretada”. Y es ahí donde el profesor tiene el privilegio y el reto de ayudar a que sus alumnos puedan analizar los discursos que reciben y construir un discurso propio que refleje sus verdaderos pensamientos, sentimientos y actitudes.

Las personas y los personajes tenemos en común que definimos nuestra identidad discursiva y práctica a través de las palabras. Augusto Pérez, Miguel de Unamuno y cada uno de nosotros vivimos de los cuentos, en cuanto que siempre estamos relatando entre la realidad y la ficción lo que experimentamos. De acuerdo con Jerome Bruner, la narración es una herramienta muy poderosa tanto para la transmisión de conocimientos como para el crecimiento humano. Y son casi ilimitados los proyectos con los que podemos descomponer textos para observar qué identidades muestran y para pensar cómo podemos, en los términos que definieron White y Epston, construir narrativas coherentes, flexibles y complejas.

En este marco, el proceso de la elaboración de la identidad de género en la literatura contemporánea es un proyecto en el que pongo grandes expectativas. Es especialmente interesante porque el género hoy en día produce múltiples interpretaciones, a veces contradictorias entre sí, y que con frecuencia se alejan del estudio de la construcción del discurso. Por esta razón, es necesario un estudio crítico de esta construcción en la literatura. Como señala Monique Wittig, el lenguaje crea ficciones que provocan identidades estereotipadas de género, lo cual condiciona la percepción que tenemos de las mujeres y particularmente de las escritoras. Por ello, es muy importante estudiar a aquellas autoras que, desde una especial sensibilidad, han sido capaces de transmitirnos el conflicto entre la identidad estereotipada que la sociedad asigna a las mujeres y la elaboración propia de una verdadera identidad. Y este estudio es aún más relevante debido a que no se reduce a lo femenino, porque los estereotipos sobre este género producen complementariamente estereotipos sobre lo masculino.

La experiencia humana está hecha de un conjunto de narrativas que van conformando nuestra personalidad. Algunas de ellas se refieren a la sensibilidad individual, como las que definen nuestros pensamientos, sentimientos y actitudes; otras abarcan a colectivos, como es la pertenencia (real o percibida) a distintos grupos y los efectos que esto tiene. Por este motivo, el lenguaje es una herramienta esencial para la construcción de quiénes fuimos en el pasado, quiénes somos en un momento dado y quiénes seremos (o esperamos ser) en el futuro. El fomento de la lectura, de la escritura, de la escucha y del habla debe orientarse no solo a manejar el código de forma competente, sino también a dar pie a nuestros alumnos para que crezcan como personas. Es por eso que podemos animar a Vivir de los cuentos, porque estos son vías para el desarrollo de la propia psicología y la adquisición de conocimientos. La literatura es mucho más que un placer estético. Es más próximo a ser un alimento de la interioridad de los individuos y un modelo perpetuo de las formas con las que estos se relacionan. Parafraseando a Borges, aquellos que hemos dedicado una parte de nuestras vidas a las letras, sabemos que las ficciones que recibimos son formas de la felicidad y la creación poética es otra forma la felicidad porque nos ayudan a construir el relato que constituye nuestra vida.

¿Te ha gustado el artículo? Puedes ayudarnos a hacer crecer la revista compartiéndolo en redes sociales.

También puedes suscribirte para que te avisemos de los nuevos artículos publicados.