Retornar a Austria. Sobre “El regreso de los exiliados”, de Elisabeth de Waal
El regreso de los exiliados se ambienta en los años cincuenta. Concretamente, entre 1954, año en el que tres exiliados vuelven a Viena desde Estados Unidos, y 1955, fecha en la que Austria recuperó su independencia ―ocupada desde 1945 por Francia, Inglaterra, Estados Unidos y la Unión Soviética― tras la firma del Tratado de Estado. La novela permaneció inédita hasta que el nieto de su autora, Elisabeth de Waal (Viena, 1899-1991), decidió editarla y publicarla en su país natal hace trece años. Nacida como Elisabeth von Ephrussi, la escritora, que descendía de una familia de aristócratas judíos, terminó viviendo en Inglaterra y escribió cinco novelas en vida de las cuales solo El regreso de los exiliados ha visto la luz. La poca información que conocemos sobre su vida y obra hace que su publicación en español por Libros del Asteroide esté rodeada de enigmas. La premisa del libro nos indica que tanto la historia del exilio judío como la historia de la Austria de posguerra van a tener un papel central en su trama. Sin embargo, si bien la novela se construye sobre imágenes elocuentes de las ruinas de la aristocracia austriaca durante los años de la ocupación aliada, la Historia sirve principalmente como telón de fondo de escarceos amorosos y reuniones de lujo.
En El regreso de los exiliados aparecen numerosas descripciones que recuerdan con nostalgia la época imperial, impregnada en espacios y personas. Esta nostalgia guía la interpretación de las historias de tres exiliados: el profesor Kuno Adler, científico que no consigue un puesto en su antiguo laboratorio que haga justicia a sus años de experiencia en Estados Unidos; Marie-Theres ―o Resi―, joven descendiente de la dinastía Altmannsdorf, enviada por sus padres a Austria para curar su temperamento melancólico; y Theophil Kanakis, un misterioso millonario que compra, a su vuelta, un antiguo palacete para celebrar allí reuniones con jóvenes aristócratas que consigan llenar los vacíos de su vida. Las historias de estos tres personajes se entrelazan con las de personajes como Lucas Anreither, nieto del guardabosques de la familia Altmannsdorf, o Nina y Bombón Grein, herederos de un linaje que ha perdido sus privilegios y su fortuna, lo que afectará ―aun si de diferente manera― a sus modos de vida y a sus comportamientos en sociedad. Por un lado, se ensalza la sobriedad y la ideología del trabajo de Lucas, defensor del marxismo, y de Nina, quien decide trabajar en el Instituto al que retorna Adler y esconder sus orígenes de clase. Por otro, se desdeña el carácter arribista, caprichoso, vicioso y manipulador de Bombón, objeto de los juegos sexuales de Kanakis, otro de los personajes que critica la obra por simbolizar el deterioro moral que se entiende inherente a la identidad de los Estados Unidos.
La novela versa sobre la dicotomía entre los valores corruptos, traídos desde el país americano, e incorruptos, ligados a la pureza de la cultura de Austria que algunos personajes exiliados personifican o consiguen recuperar. Tanto la degradación estadounidense como la presencia nazi que todavía infecta la subestructura del país ―a la que, con todo, de Wall no presta demasiada atención― suponen una contaminación de los imaginarios tradicionales de la nación y la cultura austriacas. Esta interpretación hipernacionalista de la realidad refleja las vicisitudes de la ocupación aliada en Austria, cuyas fuerzas enfrentadas son encarnadas por distintos personajes buenos y malos. A la vez ―y aunque parezca contradictorio―, el foco en la recuperación de la nacionalidad perdida despolitiza y difumina las causas del exilio, al que solo se alude tangencialmente. No importa por qué el profesor Adler se marchó de su lugar de origen, sino que, cuando regrese, se purifique al perder de vista todos los elementos que remiten a su estancia en EE. UU. y consiga la paz en la resignación, en el amor con una mujer de la patria y en una extraña conversión al cristianismo.
Los estragos del capitalismo, nos dice El regreso de los exiliados, han derruido la Austria rural y primigenia, en cuyo paisaje se encuentra la verdadera nobleza de espíritu, manifestada en la austeridad y la vida retirada de la tía de Marie-Theres, Franzi. La novela bebe del naturalismo para criticar la decadencia de la aristocracia vienesa. Lógicamente, Marie-Theres tendrá un terrible fin, propiciado por su encuentro con Bombón Grein, personaje sin escrúpulos que pretende relacionarse con las fuerzas ocupantes para medrar económicamente. El gusto excesivo por el lujo del que Resi viene y que es propio de la ideología de EE. UU., aquel lujo vacuo que la deprimió, será simbólicamente el que la destruya. El interés de la novela no se encuentra tanto en lo que cuenta per se, sino en el mensaje ideológico que subyace a su reduccionismo moral. El regreso de Adler, Kanakis y Marie-Theres escenifica la vuelta imposible a la antigua personalidad de un lugar devastado física y espiritualmente, pero esta escenificación se ve atrapada por un sinfín de alegatos nacionalistas ―esto es, conservadores― que evidencian el desdén de algunos sectores de la intelectualidad austriaca hacia los vencedores de la Segunda Guerra Mundial. En cualquier caso, El regreso de los exiliados es una novela sobre el retorno a una Austria que, por idealizada, nunca existió y nunca podrá existir.
Graduada en Estudios Hispánicos y máster en Estudios Literarios y Culturales Hispánicos por la Universidad de Alcalá, donde ha sido beneficiaria de varias becas de investigación. Sus intereses giran en torno a la historia literaria e intelectual del exilio republicano de 1939 y la crítica ideológica de la literatura, aspectos sobre los que es autora de varios artículos académicos. En la actualidad, es investigadora predoctoral (FPU-Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades) en la Universidad de Alcalá. Su tesis estudia los discursos del anticomunismo en la narrativa del exilio durante la guerra fría. Es directora de la revista Contrapunto.

