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Amar, vivir, escribir, repetir. “El hombre joven”, de Annie Ernaux

Annie Ernaux, El hombre joven

Traducción de Lydia Vázquez Jiménez

España, Cabaret Voltaire

64 páginas, 13,95 euros

La primera reunión del club de lectura de la Facultad de Filosofía y Letras de la UAH dio comienzo con El hombre joven, de Annie Ernaux (Lillebonne, 1940). Publicada en España en marzo de 2023, la novela relata la relación de la narradora con un hombre casi treinta años menor. En la sesión mantenida durante el club de lectura, el debate se organizó en torno a tres preguntas que definían tres áreas temáticas claras.

La primera pregunta tenía que ver con la importancia de la clase social en la atracción que la narradora siente por el joven, estudiante aún, perteneciente a un medio social del que la autora es tránsfuga. En el momento de la narración, la protagonista está ya en posesión de capital económico y simbólico, desde su estatus como escritora, lo que provoca que la relación esté mediada por un desequilibrio de poder. Se explora, por tanto, la cuestión de la identidad social en términos de clase y de estatus según la edad. Como es transversal a toda su obra, Ernaux habla aquí de identidad, memoria, clase y deseo. “Él era portador de la memoria de mi primer mundo”, se dice sobre el amante, que retrotrae a la narradora a su infancia en una suerte de atracción psicoanalítica. Además, la juventud del amante le permite a ella vivir por segunda vez su propia juventud, asomarse momentáneamente al mundo del amante, jugar a ser estudiante otra vez. Por otro lado, la prosa de Ernaux, analítica y sagaz, hace dudar a la lectora sobre la crueldad de la narradora en su percepción del amante como un medio para la producción literaria y de la relación erótica como transaccional. El estilo reflexivo de Ernaux revela una falta de complejo de culpa por su relación con el joven aunque, cabe mencionar, la intención de la autora no es en ningún momento moralizante.

La segunda pregunta se cuestionaba sobre la vergüenza como rasgo intrínseco al relato de la intimidad femenina. La relación se vive “bajo la mirada de la sociedad”. Se plantea así la pregunta sobre la representación de la mujer mayor en el imaginario colectivo, en concreto, de la mujer mayor que su amante. Se pone de relieve la existencia de una diversidad de feminidades en todos los rangos de edad, con las que, como en otras obras, Ernaux no se siente encajar. Esta sustracción a la clasificación es habitual en ella, aunque está presente la búsqueda de un ejemplo, de un arquetipo contra el que pensarse para explicarse su historia. Así, “[í]bamos a ver películas cuyo tema era la relación entre un hombre joven y una mujer madura. Salíamos decepcionados, enfadados por un guion en el que no encontrábamos lo que vivíamos, donde la mujer era un ser implorante que terminaba abandonada y destruida”. Frente a esta representación, Ernaux se siente triunfante, es una mujer que se ha reconciliado con las inseguridades que se imponen sobre los cuerpos femeninos y ha llegado a término con su posición.

La tercera pregunta que articuló el debate fue la relativa a la aseveración de Ernaux al inicio del libro, que dice que “si no las escribo, las cosas no han llegado a término, solo se han vivido”. La intersección entre escritura, memoria y experiencia es clara y central en la literatura de Ernaux, que presenta una tendencia obsesiva a vivir, revivir y escribir lo vivido. Así ocurre también en otras de sus novelas, como “Memoria de chica” o “Pura pasión”, en las que vuelve sobre sus pasos una y otra vez, a veces en sentido literal, realizando los mismos viajes en las mismas fechas. En general, la vocación de archivística de la propia vida es clara en la literatura de Ernaux, en la que ciertos acontecimientos se narran a veces de forma transversal y simultánea, dando lugar a una cronología vital en formato literario. Hebras que pueden recuperarse de un libro a otro, retazos de existencia con los que reconstruimos la vida de la autora. Se escribe así, para dejar constancia y para construirnos un relato que contarnos a nosotras mismas. En este sentido, se podría considerar la escritura como un proceso de liberación de lo vivido así como un mecanismo para comprenderlo. Remite, por tanto, la aseveración de Ernaux a la célebre cita de Kundera (1929, Brno): “El hombre [sic] nunca puede saber qué debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores”. Escribir es, así, el mecanismo que nos permite vivir nuestra vida por segunda vez.

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Candelas Bayón Cenitagoya

Candelas Bayón Cenitagoya nació en León en 1998. Graduada en Traducción y Lenguas Modernas por la Universidad de Alcalá, actualmente investiga sobre cuestiones relacionadas con la traducción y los Servicios Públicos. Sus principales intereses son la literatura, el arte y los idiomas. En su tiempo libre le gusta escribir poesía.

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