Espacio cerrado. “El Hueco”

por Nov 9, 2020

Espacio cerrado. “El Hueco”

por

Dirección y dramaturgia: Guillermo Amaya

Reparto: Raquel Pardos, Raquel Salamanca

Fotografía: Elayne Rojas

Teatro Nuevo Norte, martes de Noviembre (2020), a las 20:30

El encierro, como metáfora, resulta sugestivo. Puede referir el nivel específico de la subjetividad: el individuo atrapado en sus ideas y emociones, la mente aislada en el solipsismo. También, apunta a lo social: el encierro que se vive en cualquier forma de sistema político totalitario, la enajenación que experimentan los integrantes de una sociedad alienada. Por supuesto, no podemos perder de vista cómo esta metáfora habla del momento actual, en un 2020 marcado por distintas formas de confinamiento, más o menos extremas. El hueco, que se presenta en la Sala Nuevo Norte durante este noviembre, busca reflexionar sobre estas situaciones y lo hace al construir una historia alegórica que, sin anclarse en un contexto específico, es capaz de apelar a cualquier espectador.

Dos mujeres, Gema y Asun, están atrapadas en un espacio reducido, insonoro, aislado. Apenas caben las dos, con dificultad pueden moverse. No son capaces de saber lo que ocurre afuera, aunque una está segura de escuchar el mundo exterior. Escapan de algo, no sabemos de qué ni por qué están huyendo. Tampoco, si podrán salir. Así, la situación que plantea la obra resulta tan simple como compleja. En esta doble frontalidad se encuentra su riqueza simbólica. Es directa, no da rodeos ni explicaciones que, todo hay que decirlo, sobrarían. Al mismo tiempo, construye un entramado de emociones e ideas paradójicas que interpelan al espectador y lo obligan a cuestionar su lugar en el mundo. Para decirlo con una formulación un poco tópica, todos vivimos nuestro propio encierro y este encuentra un espejo en el escenario.

Siguiendo esta línea, sobre las tablas hay pocos elementos: las dos actrices y una especie de cubo, donde ellas se ubican, con un techo escalonado y un interruptor que permite iluminar el estrecho espacio. De esta manera, la claustrofobia adquiere una realidad concreta que solo es posible en el teatro: las mujeres se mueven entre las paredes de ese hueco, se chocan entre ellas, se golpean contra el bajo techo que las protege del peligro desconocido. Luego, el trabajo físico que las actrices realizan es una confrontación para los espectadores, que son testigos de sus esfuerzos por acomodarse en el encierro. Pero el trabajo de Raquel Pardos y Raquel Salamanca, que interpretan a Gema y Asun, respectivamente, va más lejos. No es poca la habilidad que se requiere para sostener una obra a dos voces, con un solo espacio y muy poco lugar para moverse. La interacción entre estas dos mujeres, una elegante y la otra casual, es el motor que mueve la historia. Es una confrontación entre dos formas de ver y entender el mundo, un diálogo entre dos universos que, por diferentes, no dejan de coincidir y reflejarse mutuamente. Esta dialéctica adquiere una forma dinámica, no solo por los diálogos, también por el cambio de registro: desde la tensión en sentido llano hasta la erótica, del miedo a la risa. La otra cara de esto se encuentra, por supuesto, en la dramaturgia, orquestada para hacer que la acción, aparentemente reducida, no se detenga.

El encierro es, sobre todo, una forma de truncar el deseo: la voluntad de cambiar, de conocer nuevos espacios, de encontrarnos con el “otro” (un “otro” que no deja de ser un espejo para nosotros mismos). El hueco formula este problema a través de una relación entre dos personajes cuya ubicación desconocida e identidad imprecisa sirve para construir una situación universal. El espectador se ve interpelado en tanto que la escena nos incomoda, nos obliga a confrontar los espacios reducidos que habitan dentro de nosotros y la forma en que dialogamos con ellos.

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