Naturaleza poética, “Brilla un relámpago”, de Ryuunosuke Akutagawa

por | Ene 7, 2020

Naturaleza poética, “Brilla un relámpago”, de Ryuunosuke Akutagawa

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Ryuunosuke Akutagawa, Brilla un relámpago

Selección y traducción de Teresa Herrero y Jesús Munárriz

Madrid, Editorial Hiperión

116 páginas, 14,00 euros

El haiku es un género poético de origen japonés, conformado, según la tradición, por tres versos sin rima de cinco, siete y cinco sílabas, respectivamente. Su contenido suele hacer referencia a la naturaleza, o a escenas pertenecientes a la vida cotidiana, donde a menudo se incluye un kigo, es decir, una palabra o expresión que evidencie la época del año en la que se encuentra inspirada el poema en cuestión.

Este libro florece a partir de una selección de estos pequeños poemas escritos por la mano entintada de Ryuunosuke Akutagawa (Tokyo, 1892-1927), el único escritor japonés que gozó de un reconocimiento durante buena parte del siglo XX. En este caso, solo se reúne un pequeño ramo de su obra, ya que esta llegó a medrar hasta consolidar un denso jardín de más de mil haikus. Sin embargo, su suicidio cortó de raíz su recorrido como poeta, dejando una crisálida literaria como referente a todo aquel que quiera sembrar este arte tan antiguo y respetado en la cultura oriental.

Cada haiku impreso en este libro cuenta con su versión original en japonés, en rōmaji y en español, ocupando cada composición una página (menos aquellos que se apoyan además en un dibujo). Al comienzo, se escribe una breve introducción en la que se habla sobre el autor y su obra, dando especial importancia a un rasgo propio del escritor. Este distintivo personal se basa en la inclusión de elementos cotidianos pertenecientes al mundo actual, suponiendo una fuerte innovación en cuanto a la tradición. Aquí, se dice que esta nueva incorporación de lo contemporáneo resulta enriquecedora para el género, pero personalmente creo que rompe la magia y la armonía que transmiten estos escritos, ya que con ello se aleja al lector de la naturaleza, que es a lo que se quiere evocar en un principio. Ejemplo de ellos son la sala de juntas, el café o la tetería que se mencionan en algunos haikus.

Volviendo al plano de la naturaleza, la diversidad de plantas, flores y árboles cobra un gran protagonismo en todo el recorrido poético; además de muchos otros elementos como los montes, la escarcha, el rocío, la nieve, la lluvia, el mar, la luna y algunos animales (murciélagos, búhos, gallinas, grillos, cerdos). Hay otros elementos constantemente repetidos como la aparición del brasero y el gorro, o la expresión de frío o calor.

Como se ha mencionado al principio, la mayoría de haikus que este libro alberga tienen un kigo, pasando por las cuatro estaciones del año, lo que podría considerarse su “línea argumental”, aunque sin ningún orden en especial. No solo se establece esta temporalidad en los poemas, sino que también se hace referencia a los distintos puntos del día, anunciándolos mediante momentos tan representativos como el alba o el crepúsculo. Para cerrar el círculo cronológico encerrado en estos poemas, he de mencionar que muchos de los haikus se refieren y toman inspiración de las vivencias del autor y su relación con sus conocidos, aumentando así ese sentimiento de cotidianidad.

Un aspecto al que le doy bastante importancia (y más en este caso que ha conseguido su cometido) es el deseo del autor de transmitir al lector mensajes sensoriales ligados a los diferentes sentidos por medio de unas simples manchas monocromáticas y sin textura alguna sobre papel.  De esta forma, al leer los haikus puedes notar el gélido aliento del viento invernal; la fragancia natural de una amapola; la textura del tatami (lo que se puede comparar a la alfombra occidental) al roce de tus pies descalzos; el canto del cuco; el olor de las mazorcas secándose al sol; el crepitar de la hoguera; el rumor del aire al pasar entre los pinos; o el sabor de los pastelitos de arroz.

Lo único más que cabe mencionar son los dos haikus que actúan como premonición de su suicidio, siendo los dos una alegoría de como Akutagawa se quitaría la vida al presentar esa idea de precipitación al vacío. Además, también encontramos un “metahaiku” en el que se ironiza mediante su contenido y título -Desafinado- que el primer verso no posee cinco sílabas, sino cuatro.

Este tipo de libros te hacen ver y apreciar la gran diversidad y originalidad que presenta la literatura en todas sus formas y géneros. A mí en concreto no me ha transmitido tanto como hubiera esperado, aunque es verdad que al leerlo te sientes en un estado trance en el que notas como la calma va inundando tu cuerpo. Solo soy capaz de admirar esta poesía por la anatomía que se le brinda, pero carece de contenido. Puede transmitir una sensación o dibujar una idea figurativa en tu mente, pero es incapaz de mostrar más. Quizás sea esa una de las claves de su esencia.

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