«Arde Madrid”: llamas en la represión

por | Feb 1, 2019

«Arde Madrid”: llamas en la represión

por

Arde Madrid

Canal: Movistar+

Temporada: 1

Dirección: Anna R. Costa, Paco León

Reparto: Paco León, Inma Cuesta, Anna Castillo, Debi Mazar

Un plano autoritario. El blanco y negro. La educación de la Sección Femenina de 1961 se nos presenta a través de una Ana Mari (Inma Cuesta) que prepara a las jóvenes del futuro para lo que es normal y comprensible en la vida matrimonial: la subordinación al marido. Defiende que, si tu marido te pega, algo habrás hecho, y justifica esos abusos bajo el pretexto de: “él lo hace para que aprendas”. Justo en ese momento, nuestra protagonista es llamada por la Patria para que lleve a cabo una misión de suma importancia: comenzar a trabajar como criada en la casa de la afamada actriz de Hollywood, Ava Gardner. El objetivo de tal labor es el de averiguar si la estadounidense se mezcla con peligrosos círculos anarquistas o comunistas, aparte de con toda “la calaña del artisteo”. Gardner, además, en una primera aparición, se autodefine como “no muy católica” tras una noche de excesos que hace eco en su piscina y salón. Así nos alejamos del artificial icono hollywoodiense y experimentamos su parte más humana.

A pesar del aroma político del comienzo, la trama quedará relegada al plano de las relaciones y la evolución interna de los personajes. Unos personajes de predominio femenino entre los que destacan:  Ana Mari, de un carácter estricto y puritano, con unas creencias firmes que se van a tambalear; Pilar (Anna Castillo), una joven que no se siente identificada con el sistema que la rodea; y Ava (Debi Mazar), cuya moralidad y forma de vida chocan con la España del momento. El hecho de que una estadounidense como Debi Mazar interprete a Ava aporta credibilidad y, además, da pie a situaciones lingüísticas de gran comicidad (aunque Ava, en realidad, parecía defenderse correctamente en español). En cuanto al resto de actuaciones, señalemos a la siempre brillante Inma Cuesta; a Anna Castillo con su habitual naturalidad que a veces puede derivar en una monotonía interpretativa; y, dentro de los papeles masculinos, a Paco León que, además, este último año no deja de sorprendernos en series como La Peste o La Casa de las flores. En este caso, no solo personifica a Manolo, el marido postizo de Ana Mari, sino que también se ha encargado de la creación de la serie junto con Anna R. Costa. Ambos han conseguido crear un relato ficticio cargado de sensualidad, a partir de una realidad ya pasada que les posibilita realizar numerosos guiños nostálgicos a las celebridades de la época (Carmen Sevilla, Lola Flores, Marisol…). Por otro lado, para su creación han decidido como recurso estilístico la grabación en blanco y negro, algo que no debería extrañar en esta “época de filtros” en la que vivimos, pero que, sin embargo, ha sido muy criticada al poder haberse sacado más partido a los contrastes, cosa visible en producciones de otras temporadas como la francesa The Artist (2012) o Blancanieves (2011), que también decidieron incorporar este recurso cromático a las pantallas del siglo XXI.

La España de la época está concentrada en el número 11 de la Avenida del Doctor Arce, donde por las noches se exalta el cante flamenco, mientras que a la luz del día surgen los miedos y la opresión social que se va a poner en duda, sobre todo dentro del ámbito sexual, como un grito abrasador a las libertades. Es en esas situaciones que hoy en día nos parecen surrealistas y absurdas, donde el guion trata de encontrar la chispa del humor. Así, Arde Madrid te atrapa con su estética, sus personajes y con su gran dinamismo rítmico que imposibilita una separación de la pantalla, teniendo que devorar los ocho capítulos con ansia para llegar a un final que se abalanza sin previo aviso sobre tus emociones, haciéndote desear una segunda temporada al instante. Ese fenómeno se lleva repitiendo todo el año con las producciones de tantísima calidad por las que está apostando Movistar, entre las que habría que destacar, en especial, al thriller pirenaico de Félix, y al drama novelesco de El día de mañana.

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