Arte y ser, ser y arte. “Demolición”, de Raúl Guerra Garrido

por | Feb 7, 2019

Arte y ser, ser y arte. “Demolición”, de Raúl Guerra Garrido

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Demolición, Raúl Guerra Garrido

Madrid, Alianza Editorial

212 páginas, 16 euros

Raúl Guerra Garrido presenta en Demolición (2018), su nueva novela, la vida de Jesús Expósito, un enigmático escultor cuya última obra promete ser, cuanto menos, sorprendente. Autor de títulos destacados como Cacereño (1969) —que, adscrita al realismo social de mediados del siglo XX, cumple este año su cincuenta aniversario— y Lectura insólita de El Capital (1977) —que le sirvió para ganar el Premio Nadal, otorgado por la editorial Destino— regresa ahora con una “autobiografía no autorizada del artista”, tal y como describe en la contraportada de su libro, la cual también forma parte del juego metaficcional que Guerra Garrido ha logrado crear con éxito a lo largo de más de doscientas páginas.

La Wagemberg Gallery, famosa a nivel mundial, va a abrir una de sus sedes en Madrid y quiere inaugurarla con la exposición de la última escultura creada por Expósito. Convencido de que ha nacido por generación espontánea, como él mismo afirma, entre las obras del artista se cuentan principalmente escaleras de mano. Escaleras que remiten a numerosas referencias culturales: el bíblico sueño de Jacob, la infinitud planteada por Piranesi, Penrose, Escher… Escaleras dignas de exhibición, en las diversas maneras en las que esta pueda tener lugar. Quince minutos exactos, ni uno más ni uno menos, es el tiempo que el público tendrá para disfrutar de la nueva creación, de una nueva escalera, de la escalera definitiva. Ahora bien, que quede muy claro, nada de abrir los ojos, mejor llevarlos tapados, o ponerse una capucha sin ojal; y nada de tocar la obra, mejor situarse frente a ella: sentirla cerca, intuir su presencia delante de nosotros deberá bastar para que la experiencia haya valido la pena. ¿Y qué viene después? Después la nada, o puede que el todo, alejarse, tal vez morir, desaparecer sin dejarse ver, tal y como llegó a este mundo. Demoler, destruir, deconstruir, derribar lo que ya es, lo que ya está.

A pesar de que Guerra Garrido asegura no haber conocido en persona a Expósito, desde que recibió la invitación para asistir a su exposición se mostró tremendamente interesado en esta extraña figura de la que poco se sabía, hasta ahora. A través de la lectura de Demolición, el lector será partícipe del minucioso entramado que ha creado Guerra Garrido. Y es que los paratextos de esta novela cobran tanta o más importancia que la propia narración. Las declaraciones que el autor ha realizado en las diferentes entrevistas ofrecidas con motivo de su nueva publicación, la ya mencionada contraportada del libro y, especialmente original, la nutrida bibliografía final con referencias a la vida y obra del escultor natural de Torrecasar (extremeño pueblo ficticio recurrente en la trayectoria literaria Guerra Garrido) bastarán para hacerse a la idea de que no se deja ningún cabo suelto a la hora de construir el relato, demostrando una poderosa capacidad imaginativa que, además, se revela de forma destacada en el uso del lenguaje: juegos de palabras, palíndromos, trabalenguas… Un amplio y variado dominio similar al que el escultor demuestra en lo que a materiales y procesos químicos se refiere, hecho que sin duda se explica gracias a los conocimientos sobre ese ámbito que posee el autor, doctor en Farmacia, profesión que ejerció durante décadas. Entre escultor y escritor, personaje y autor, artistas, en definitiva, se establecen, les guste o no, ciertas concomitancias. A modo de espejo, el uno se refleja inevitablemente en el otro y lo redefine a la vez que lo completa. En esta particular demolición se entremezclan continuamente realidad y ficción, verdad y mentira. Ambos, asimismo, parecen manifestar públicamente un deseo común: dar con la obra final, con la obra definitiva, haber realizado ese último gran trabajo por todos recordado. Esta actitud, aunque de entrada podría parecer un tanto derrotista en los dos casos, no debería alamar demasiado al lector: nunca se sabe, puede que ambos vuelvan a deleitarnos con su innegable talento, puede que la demolición se torne en reconstrucción. Puede.

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