¿Casualidad o destino? “La estación de la mujeres”, de Carla Guelfenbein

por | Sep 16, 2019

¿Casualidad o destino? “La estación de la mujeres”, de Carla Guelfenbein

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La estación de las mujeres, Carla Guelfenbein 

Madrid, Alfaguara 

152 páginas,   17,90 euros  

Una conexión que desafía las leyes de la lógica.  Con una mirada retrospectiva,  Carla Guelfenbein narra en La estación de las mujeres (2019) las vidas de cuatro mujeres  de diferentes generaciones (Margarita, Doris, Juliana y Elizabeth) cuyo vínculo sigue perdurando  en la actualidad, siendo la cosmopolita ciudad de Nueva York escenario de la acción.  El lector es partícipe del proceso de descubrimiento en el que se revela  por qué los actos de unas interfieren en la vida de las otras. Una trama deslumbrante en la que cada cabo suelto es el principio de un hecho cuya consecuencia revolucionará el ambiente de cada personaje. 

    Margarita se encuentra en una situación de vacío existencial al percatarse de la insípida monotonía que reinen su vida y un matrimonio lleno de carencias afectivas y sospechas sobre los posibles amoríos que podría mantener su marido con alguna de sus estudiantes. Elizabeth es una joven aristócrata que decide alejarse de una vida mundana y superficial llena de privilegios para lanzarse a la aventura de vivir en el Nueva York de los años cincuenta. Doris Dana,  fuente de inspiración y amor de Gabriela Mistral, vive una noche de alcohol y sexo desenfrenado con una amiga de la infancia, mientras al mismo tiempo emprende una experiencia de reconocimiento personalJuliana, una pastelera octogenaria, ansía encontrar la identidad de una mujer que cambió el rumbo de su vida. Anne, conserje del edificio de Margarita, huye en busca de su identidad, mientras su madre se ve entre la espada y la pared al desvelar su secreto más íntimo. 

    Es destacable la labor de Guelfenbein en la creación de los personajes, dotándolos con un maravilloso y complejo mundo interior. En cada capítulo las protagonistas toman la palabra, empleándose el narrador en primera persona, o bien los acontecimientos de sus vidas son relatados desde la perspectiva del narrador omnisciente, mediante el cual, a corazón a descubierto, sus pensamientos y sentimientos son plasmados, quedando reflejados todas sus angustias, ilusiones, anhelos, alegrías, etc.  También es digna de atención  la narración de la vida de Elizabeth. Dicha protagonista emplea un estilo epistolar, puesto que mediante cartas a una amiga se confiesa y describe su vida. Se aprecia en sus líneas un estilo cargado de un lirismo y una delicadeza excepcional en la expresión de sus sentimientos. 

      Según la autora,  decide poner como título La estación de las mujeres a esta novela por la connotación que tiene para ella el sustantivo “estación”: simboliza la espera de las mujeres época tras época para tomar las riendas de su vida, para liberarse de las cadenas que las mantenían cautivas, exentas de libertad. Cada una de ellas se enfrenta a un coloquio consigo mismas en el que surgen preguntas para las que no hay respuestas. Su objetivo común es desentrañar estos misterios que agitan su alma para finalmente conseguir la paz que tanto ansían.  

     En una estructura de collage y lineal,  en un solo día, las tramas de las cuatros personajes principales se entrelazan unas con otras, encajando como piezas de un puzle. La autora acerca la ficción a la realidad, haciendo que los lectores se sientan partícipes y que simpaticen con los personajes. Se presentan trazas de  vidas que podrían corresponder a la nuestras. Además,  la narración del argumento se intercala con citas de las cartas de Gabriela Mistral dirigidas a Doris Dana, y también de fragmentos de libros que acompañan y son soporte del relato de esos capítulos. 

     De una forma extraordinaria se logra una combinación entre personajes reales, como  Doris Dana y Gabriela Mistral, y de ficción, que interactúan  aportando un toque realista a la historia. En La estación de las mujeres la medida del tiempo se distorsiona: el pasado y presente, dos caras de una misma moneda, se confunden en incluso se funden, provocando que los personajes se enfrenten, se cuestionen y se comuniquen mediante la casualidad o el destino, configurando un entramado complejísimo e impresionante sobre la feminidad, sobre el ejercicio de nuestra libertad , sobre las múltiples formas en las que el amor define la condición humana y sobre las posibilidades que tienen las mujeres para explorar sus propios límites para, una vez superados, romper con ellos. 

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