El Madrid del marasmo. “Sánchez”, de E. García Llovet

por | Mar 25, 2019

El Madrid del marasmo. “Sánchez”, de E. García Llovet

por

Esther García Llovet, Sánchez

Barcelona, Anagrama

136 páginas, 16,90 euros

Esther García Llovet (Málaga, 1963) despertó como escritora a partir de la lectura del escritor chileno Roberto Bolaño. Su última publicación es la novela Sánchez, en la que se retoma el mismo espacio que en su novela precedente —Cómo dejar de escribir (2017)—, es decir, el Madrid de lo grotesco, de lo mundano, de aquello que solo puede observarse a través de los peculiares protagonistas puestos en juego en ella.

Nikki es el personaje protagonista que narra los sucesos acaecidos en dos planos temporales que se alternan el uno con el otro: el del pasado, en el que se traen a colación hechos que ayudan a una descripción psicológica más detallada de los personajes y el del presente, en el que transcurren las fantochadas de dos personas que están condenadas al fracaso desde el principio: Nikki y Daniel Sánchez, alma errante cuyo apellido otorga el nombre al libro. Entre estos dos personajes se puede establecer una dicotomía: Nikki es más sensata y mira de acuerdo a la realidad, aunque, como se observa con la última intervención narrativa, acaba invadiendo el terreno de su amigo Sánchez —hombre desquiciado, con actitudes puntuales esotéricas y con muy mala suerte— que parece ocupar una dimensión que no se corresponde con la real. Vive abstraído hacia una idealidad que no puede ser acometida, buscando el más allá de lo cotidiano, como puede verse, por ejemplo, con las descripciones que realiza sobre Bertrán —joven adinerado y despilfarrador al que no paran de recurrir sus allegados para que les preste dinero—, pues lo califica con un corte sobrenatural por las diferentes situaciones que ha presenciado desde que lo conoce.

Debe tenerse claro que el hecho que desencadena toda la trama narrativa es la posibilidad de mejora económica —o al menos la posibilidad de poseer liquidez para poder pagar las deudas pendientes— que encuentra Nikki en la venta de un galgo de carreras a una mujer italiana. De esta manera, se reúne con Sánchez y lo convence para que la acompañe en su causa, que no puede llevarse a cabo sin la presencia de Bertrán, pues pretenden robarle su galgo torpe para la competición. Con esta meta ya establecida, el resto de la narración se basa en la búsqueda del paradero de ese personaje y su mascota, recorriendo lugares madrileños como pueden ser casinos, Mercamadrid o diferentes antros y gasolineras. Todo esto da cuenta de la vida miserable de los protagonistas, que, como pícaros que pueden recordar a El Buscón de Quevedo, son unos buscarruinas y tunantes que van sobreviviendo con negocios efímeros y extravagantes, como las apuestas o la adquisición de dinero por guardar la cola en la puerta de la iglesia.

Ninguno de los personajes duerme, la ciudad tampoco lo hace; solo hay una promesa con unos medios poco prometedores: conseguir el galgo de Bertrán es la cura para todos los males. Sin embargo, no será fácil y hasta el último momento no resuena la última esperanza de sus vidas. Todo el relato se encuentra envuelto en un halo de extrañeza —sobre todo con las apariciones de Bertrán, o, por ejemplo, el coche de sordomudos en el que conduce Nikki desde el principio— y de predeterminación del final de los personajes. Por suerte, todo ello viene acompañado de una prosa rápida y fácil, pero elegante, repleta de madrileñismos y caracterizaciones concretas del habla de los personajes que la autora consigue de forma certera. En definitiva, una novela con una buena caracterización psicológica y un marco espacial detallado de un Madrid único.

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