“El mamut feminista”. “(Fe)Male gaze. El contrato sexual en el siglo XXI”

por | Jun 10, 2019

“El mamut feminista”. “(Fe)Male gaze. El contrato sexual en el siglo XXI”

por

(Fe)Male gaze. El contrato sexual en el siglo XXI

Manuel Arias Maldonado

Barcelona, Anagrama

104 páginas, 8,90 euros

A menudo, una pregunta tiene mayor impacto en nosotros que una respuesta. Quizás porque la pregunta es única, mientras que la respuesta puede ser múltiple, variada y validada. Esta es la estrategia que sigue Manuel Arias Maldonado en (Fe)Male gaze. El contrato sexual en el siglo XXI, un ensayo muy bien hilado acerca de temas de actualidad. Entre ellos, destaca lo que supuso la viralización del movimiento #MeToo en tanto que ruptura de una espiral de silencio que llevaba décadas girando sobre sí misma y cuya forma concéntrica generó el consiguiente contramanifiesto de Catherine Millet & Company, punto de inflexión que introduce la temática del libro: la propuesta de reflexionar acerca de “la libertad de importunar” y la ambigüedad inherente a los procesos de seducción, la disparidad en los apetitos sexuales masculinos y femeninos, sus fundamentos biológicos y la maleabilidad cultural del deseo, en vistas de la denominada “cultura de la violación” en la que vivimos encarnada en el caso de La Manada y su (descarnada) sentencia. Y lo digo así, de seguido y sin puntos, igual que la lectura de este libro, que invita a hacerse del tirón, sin prisa, pero sin pausa, porque su marca de identidad está caracterizada por las oraciones interrogativas que se encadenan unas con otras en una suerte de lectura contemplativo-explicativa hasta dejar sin aliento.

Abundan las referencias literarias y cinematográficas y aunque sea un ensayo breve, deja la sensación de necesitar leerse al menos un par de veces para percibir su carácter ensayístico —entendido así por la pretensión declarada del autor—. Y digo esto porque la cantidad de datos e ideas que decide contraponer Manuel Arias Maldonado hace que se torne un poco difícil entrever su opinión, al escudarse en formulaciones interrogantes que dejan la impresión —a este “mamut feminista”— de tirar la piedra y esconder la mano.

En palabras del propio politólogo, su tesis gira en torno a la premisa de que “las mujeres son sometidas a una presión habitual de carácter agresivo”, o lo que es lo mismo, la supuesta “intimidación no visible que constituye el sedimento psicosocial de milenios de dominio masculino” que la crítica feminista materializa en “esa abstracción llamada patriarcado”. Esta última elección de palabras es de Katie Roiphe, una de las numerosas referencias femeninas que emplea, cuidándose así de no caer en el mansplaining a la par que hace un ejercicio de reconocimiento de la necesidad de que sean las mujeres quienes tengan “mucho que decir sobre la forma en la nos relacionamos y sobre cómo hemos de relacionarnos” en este régimen sexual que posiciona la cuestión del consentimiento en una zona llena de grises. Deja claro que no pretende discutir la legitimidad de conductas como la violencia sexual, claramente condenable, y hace propuestas interesantes como la idea de “relacionarnos como si, suspendiendo reflexivamente las identidades de género”. No obstante, a este “mamut feminista oscurantista” —hago aquí un guiño a otras reseñas sobre el libro, concretamente la de J. A. Montano y Tani Vicién— le chirrían aclaraciones como “tal vez”, “a su parecer”, “pero”, o las interrogaciones con las que el autor plantea propuestas —a mi parecer— perfectamente válidas como: “¿Se trata de reconducir culturalmente la sexualidad masculina, haciéndola menos agresiva mediante la persuasión moral y la coerción legal? Es arriesgado dar respuestas tajantes”.

Arias Maldonado termina con una deliberación final, que vendría a contestar a la pregunta anterior: “Porque la igualdad es un valor, pero la libertad es otro. Y la autonomía, entendida como ejercicio reflexivo de la libertad, es un ideal tan deseable como inexigible: mientras no se generalice, habremos de respetar las decisiones adoptadas por los individuos”. Las más de las veces, “pero” es una palabra traicionera que actúa como un veneno invisible sobre lo que precede. Quizás sea el mamut feminista-oscurantista-idealista que hay en mí, pero igualdad y libertad deberían ser lo mismo. La autonomía es emancipación y parte de la idea de igualdad (emanciparte de tu posición subalterna y ser igual en derechos —y obligaciones—). Establecida la relación directa entre la autonomía y la igualdad, y entre la autonomía como “ejercicio reflexivo de libertad”, entonces la igualdad y la libertad son una y la misma, sin “peros”. No vale tu libertad termina donde comienza la mía. No vale lo ancho para mí y lo estrecho para los demás. No vale más que respuestas tajantes a preguntas como la anterior, ya que su contestación tiene un impacto directo en “la necesidad —o no— de redefinir las normas que regulan tácitamente las relaciones sexuales entre hombres y mujeres”, así que yo voy a arriesgarme y a contestar tajantemente: sí.

Comencé diciendo que la estrategia que sigue Manuel Arias Maldonado es la de generar inquietud, y en este sentido, está excelentemente ejecutada mediante preguntas pertinentes y formuladas de forma única, la suya. También decía que las respuestas son múltiples. Esta es la mía y lo que yo percibo desde mi conocimiento situado. Lo interesante de plantear un debate es precisamente eso, observar el tipo de respuesta que se genera desde el bagaje vital de cada cual, y para eso, que nadie opine por ti.

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