Realidad(es) y ficción(es) en Herzegovina Oriental – La ciudad en el espejo, de Mirko Kovač

por Abr 21, 2020

Realidad(es) y ficción(es) en Herzegovina Oriental – La ciudad en el espejo, de Mirko Kovač

por

Mirko Kovač

Traducción de Luisa Fernanda Garrido Ramos y TihomirPištelek

Barcelona, Editorial Minúscula

441 páginas, 24 euros

“Cualquier historia acerca de nuestros orígenes no se tiene en pie si no está escrita en un libro” afirma el padre del protagonista de La ciudad en el espejo. Esta novela fue uno de los últimos textos que escribió Mirko Kovač (Petrovići, 1938 – Rovinj, 2013) antes de su muerte. Publicada por primera vez en el año 2007 en la editorial Fraktura, bajo el título Grad u zrcalu. Obiteljski nokturno, aparece ahora traducida al español por Luisa Fernanda Garrido Ramos y Tihomir Pištelek en la Editorial Minúscula.

En La ciudad en el espejo, Kovač emplea el recurso de la autoficción para erigir una novela sobre su familia y su patria chica. Contada en primera persona, el narrador, un escritor que se encuentra en la edad adulta, vuelve la vista atrás, impulsado por la necesidad de contar, “hacia una época que ya había tratado en ocasiones anteriores […]. Debo intentar bajar hasta el fondo y recoger las imágenes que recuerdo, que me han llegado a través de las narraciones de otros, en particular las de mi padre, y por eso en este manuscrito se encontrarán personajes de mi familia cercana y lejana”. Así, el protagonista evoca un tiempo lejano que se inicia en la época del Imperio austrohúngaro, con algunos episodios de la vida de sus bisabuelos, y que llega hasta la instauración del comunismo y sus consecuencias en Yugoslavia. A estas coordenadas temporales, hay que sumarle las espaciales, su “patria chica”, pues, como dice el narrador, “al fin y al cabo es mi tema”, y que tiene como escenario principal Herzegovina Oriental.

La ciudad en el espejo es una novela de aprendizaje, marcada por distintas experiencias iniciáticas en la vida del protagonista durante su infancia, primero, y su juventud después. Son diversos los pasajes que retratan a este niño descubriendo el mundo y, quizás, sea su visita a Dubrovnik la más determinante. Este lugar era para los habitantes del interior un lugar mítico, como muestra uno de los recuerdos del narrador: “Quería ver a toda costa este fulgor efímero de Dubrovnik, por lo que durante horas miraba fijamente el espejo […]. Cuando le conté al abuelo mi visión, me contempló con recelo y desconfianza […], pero luego me miró atentamente a los ojos y dijo con voz enigmática: ahora yo también veo un pedacito de la ciudad en tus ojos”.

El espejo, “colección ingente de reflejos cautivos”, o espejos están presentes en la vida de muchos de los personajes de la novela por los que el protagonista siente un especial aprecio: la maestra de escuela, referente en su despertar al mundo, así como algunos de sus familiares, casi todos pertenecientes a la rama materna. Estos últimos, en su gran mayoría, además de sus virtudes positivas, son los portadores del legado de dichos y leyendas de la región. El lado paterno, sin embargo, está caracterizado con aspectos más negativos. De entre todos ellos, sobresale la figura del padre, quien aparece descrito como un hombre de carácter complejo, rechazado por el protagonista, en ocasiones, debido a sus faltas y desmanes con el alcohol, a sus vagabundeos y a su tendencia a desaparecer durante largas temporadas, pero también querido por su ternura y su forma de ver la vida. Así, esta novela no es solo un Bildungsroman, sino también una novela de padres e hijos, pues el narrador, al final de ella, afirma que “yo ya no sabía si había percibido a mi padre de una manera particular […] o en realidad, había descubierto a un familiar nuevo, un padre desconocido”.

En boca del padre, Kovač refleja también algunas de sus ideas sobre el nacionalismo: “Hablamos la misma lengua, y que recelemos los unos de los otros se debe a una herencia impuesta mediante la cual fue más fácil someternos, pero recuérdalo, hijo mío, somos completamente iguales […]. Las naciones son un mito […]. Nuestra búsqueda de raíces puras es una forma de empañar la realidad”. De este modo, Kovač, de padre croata y madre montenegrina, manifiesta su rechazo hacia la creación de los grandes mitos nacionales y afirma pertenecer “a las personas con las que comparto destino y cómo prefieras llamarme: serbio, croata, montenegrino, me temo que ya no es mi problema”.

Esta es también una novela sobre la creación literaria. En ella, Kovač plasma su visión acerca de los límites entre la realidad y la ficción y la elaboración de los personajes y lo pone en práctica durante las páginas que conforman el relato. Bajo esta concepción de la literatura, las fronteras entre la realidad y la ficción se desdibujan, pues entiende la “ficción como la parte más exacta de la realidad”. Asimismo, sus personajes muestran distintos grados de complejidad y desarrollo psicológico: “No pienso que todos los personajes y destinos deban ser completados a toda costa, no, ni se me ocurre; es más, prefiero las cosas inacabadas, prefiero dejar que un personaje flote antes que hacerlo estático”. Además, la autoficción le permite describir los problemas que tuvo durante el régimen de Tito, pues en sus escritos “había ridiculizado hasta tal punto sus mitos falsos que, en revancha, ellos me habían declarado persona non grata en mi patria chica”.

La ciudad en el espejo es, en definitiva, una obra plural, en la que la familia del protagonista es el tronco sobre el que se asienta todo un complejo ramaje histórico y literario, en el que Mirko Kovač deposita “el reflejo de lo perdido, como en un espejo”.

Agradecimientos a Marc Casals

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