El terror de lo cotidiano en “Un lugar soleado para gente sombría”, de Mariana Enríquez
Mariana Enríquez: Un lugar soleado para gente sombría.
Barcelona, Anagrama.
232 páginas, 19,90 euros.
Tras el éxito de Las cosas que perdimos en el fuego (2016), Los peligros de fumar en la cama (2017) o Nuestra parte de noche (2019), Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973) nos trae su nueva obra: Un lugar soleado para gente sombría, una antología de doce relatos de horror en los que la autora explora la maldad y las criaturas monstruosas que acechan en los rincones de las grandes ciudades y de los pueblos más recónditos. Cada una de las historias es más sombría que la anterior, mostrando la crueldad de los seres humanos y cómo las personas pueden llegar a convertirse en esos seres abominables con los que nuestros padres nos amenazaban para que nos portáramos bien.
El terror construido en la obra no se erige sobre fantasmas o sucesos paranormales, sino sobre la realidad misma: situaciones cotidianas que, lentamente, crean la atmósfera perfecta para que se desarrollen acontecimientos sobrenaturales. Siempre se habla del subgénero del terror lovecraftiano o terror cósmico, el miedo a lo desconocido e inexplicable, y es probable que muchos lectores piensen en el género de terror y les vengan a la cabeza fantasmas, monstruos bizarros o casas encantadas; de cierta manera, es reconfortante pensar que esos sucesos horrorosos nunca ocurrirán cerca de nuestros hogares, pues acontecen en mansiones o embarcaciones en países lejanos, ni tendremos que enfrentarnos a dioses mitológicos hambrientos. Los acontecimientos que Enríquez narra en estos cuentos son, sin embargo, tan aterradores porque son verosímiles y acontecen en nuestras casas, barrios y ciudades: lugares seguros y familiares, que no por ello exentos de albergar monstruos en los rincones más oscuros.
En esta colección de relatos, es posible apreciar la influencia de maestros del terror como Stephen King o Shirley Jackson entremezclada con la realidad de la Argentina de los años ochenta y noventa, es decir, con los secuestros, las desapariciones o los asesinatos que llenaban las crónicas de sucesos de esas décadas. Cuentos como “Mis muertos tristes o “Cementerio de heladeras” son, por ejemplo, relatos en los que la realidad y el terror están entrelazados exquisitamente y donde los fantasmas de las personas asesinadas en el barrio o desaparecidas exigen ser escuchados o cobrar venganza hacia aquellos que los dañaron. En historias como la de “Un lugar soleado para gente sombría”, por su lado, el terror no es generado por entidades malévolas, sino por la realidad de los hechos narrados, como el caso de Elisa Lam (Vancouver, 1991 – Los Ángeles, 2013), cuyas últimas imágenes en el ascensor del hotel Cecil se volvieron un misterio viral. Este texto también trata el miedo que muchas personas sentimos ante la pérdida de un ser querido, especialmente si es debido a una adicción. La influencia de Lovecraft se encuentra presente en cuentos como “Un artista local” u “Ojos negros”, relatos donde los protagonistas se enfrentan a criaturas perversas e inconcebibles por el ser humano, en tanto que el terror en “Diferentes colores hechos de lágrimas” es más cercano a los relatos de King. Las protagonistas de este último texto, unas trabajadoras de una tienda de ropa de segunda mano, descubrirán algo terrible en las prendas que acaban de adquirir para su establecimiento.
A pesar de que las historias son diferentes entre sí, es posible hallar similitudes temáticas, pues todas ellas tienen como fin la denuncia social, algo habitual en obra literaria de Enríquez. Así, Un lugar soleado para gente sombría trata temas como el borrado de las mujeres y el maltrato doméstico, la despoblación de los pueblos argentinos, la impunidad de la clase alta argentina durante la dictadura o la creciente pobreza. Cada relato está cargado de sutiles críticas a la sociedad, y en esas críticas, los espíritus y demás criaturas monstruosas juegan un papel crucial por cuanto exponen o representan la desgarradora realidad de muchas personas.
María Brea Gutiérrez es estudiante del Máster de Edición y Gestión Editorial. Apasionada por la literatura gótica y de terror, los idiomas y el cine. Actualmente es la encargada de las redes sociales de la revista y gestiona la colaboración de Contrapunto con la plataforma de radio MaxBox.

