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Los finales infelices en las “Novelas amorosas y ejemplares” de María de Zayas y Soto Mayor

Al hablar de un “final feliz”, la gran mayoría pensamos en el momento en el que el o la protagonista de un relato supera una serie de peripecias hasta alcanzar la felicidad. Sin embargo, en el caso de las mujeres ese “final feliz” tiene matices. Desde pequeñas nos imponen a través de películas o dibujos infantiles, cuentos u opiniones de personas más mayores un “final feliz” “adaptado” a nosotras, uno que es al lado de un apuesto y audaz príncipe que nos “dará la vida que merecemos”. Sin duda, nos manipulan desde pequeñas para que sintamos la necesidad de estar en busca de un amor que nos haga sentir completas (como si no lo fuésemos todavía).

María de Zayas y Sotomayor (1590-¿1661?), una de las más relevantes escritoras del Siglo de Oro español, de gran habilidad y trayectoria literaria, admirada y respetada por grandes nombres del mundo de las letras como Miguel de Cervantes, Lope de Vega o Emilia Pardo Bazán, lo sabía. Sabía que los finales felices que les pintaban a las mujeres de su época (y las que le suceden) estaban manipulados; sabía que escondían algo detrás, y sabía que el hecho de ser mujer tenía algo que ver en todo aquello (algo, por no decir todo).

En sus novelas cortas, de carácter realista y didáctico, mostró a través de sus personajes femeninos mujeres decididas y de gran carácter (al contrario de lo que se escribía en aquel momento) que sufrían abusos y dificultades por culpa del monstruo del patriarcado, que se manifestaba a través de la moral, la honra, la Iglesia y, sobre todo, de los personajes masculinos, que eran maltratadores físicos y psicológicos. De esta forma pretendía enseñar a sus lectoras los peligros que podían correr al relacionarse con los miembros del otro sexo.

“(…) los hombres empiezan amando, y acaban venciendo, y salen despreciando. Porque en viendo que una mujer se les resiste, ya no por amarla, sino por vencerla, trocando el amor en tema, perseveran para vengarse de los desprecios que le ha hecho, y quieren que una mujer, aunque no quiera, los quiera, y no sé qué ley hay que si la tal es cuerda y tiene honra, se aborrezca a sí por querer a otro, y más si sabe que el tal amor no es para darle honor, sino para quitársele.”

“El verdugo de su esposa”, Desengaños amorosos. M. de Zayas y Sotomayor (1649)

En esa misma línea, de Zayas también trató de elevar a la mujer hasta el lugar que le corresponde como ser humano, escribiendo, por ejemplo, cómo la valía es la misma en unas y en otros si un manuscrito no lleva el nombre de quien lo ha escrito, demostrando así que solo la subjetiva visión de la sociedad es la que nos separa y devalúa.

“(…) Quién duda, digo otra vez, que habrá muchos que atribuyan a locura esta virtuosa osadía de sacar a luz mis borrones, siendo mujer, que en opinión de algunos necios es lo mismo que ser una cosa incapaz. (…). Porque si esta materia de que nos componemos los hombres y las mujeres, ya sea una trabazón de fuego y barro, o ya una masa de espíritus y terrones, no tiene más nobleza en ellos que en nosotras, si es una misma la sangre, los sentidos, las potencias y los órganos por donde se obran sus efectos, son unos mismos; la misma alma que ellos, porque las almas ni son hombres ni mujeres: ¿qué razón hay para que ellos sean sabios y presuman que nosotras no podemos serlo?”

Novelas amorosas y ejemplares, M. De Zayas y Sotomayor, 1638.

En cuanto a su obra, anteriormente mencionada, el género narrativo con el que trabaja es la novela corta, género literario que se encuentra entre el cuento y la novela y que en ocasiones se combina con fragmentos poéticos. Su temática es variada y su velocidad narrativa es alta, así como sus descripciones y detalles son escasos. Sus dos títulos en este género son las Novelas amorosas y ejemplares (1638) y su continuación, los Desengaños amorosos (1649).

En la primera obra (aunque también en la segunda), la autora agrupa un conjunto de novelas cortas unidas por un marco narrativo, similar al utilizado en el Decamerón. De esta forma, antes de comenzar la primera novela, se anuncia la reunión entre cinco damas y cinco caballeros en la casa de Lisis. Durante cinco noches relatarán diez novelas cortas sentimentales de las que serán, en mayor medida, protagonistas.

En la primera noche se relata Aventurarse perdiendo y La burlada Aminita y venganza del honor; en la segunda El castigo de la miseria y El prevenido engañado; en la tercera La fuerza del amor y El desengaño amando y premio de la virtud; en la cuarta Al fin se paga todo y El imposible vencido; y en la quinta y última noche El juez en su causa y El jardín engañoso.

Un aspecto destacable y novedoso de ellas es que la autora trata de poner en relieve cómo el matrimonio suele ser el comienzo de una vida llena de desgracias para las mujeres y por eso casi ninguna novela corta termina en boda (el supuesto final feliz); así como, a su vez, recrea escenas eróticas que ponen especial atención en los deseos sexuales femeninos, lo que era impensable en aquellos tiempos. Por todo ello, se puede comprobar que la importancia de María de Zayas no solo se debe a su “maña” con la pluma, sino también a que fue una de las mujeres que luchó por la igualdad entre sexos antes de que se originase el movimiento político feminista que nacería posteriormente con la Ilustración. No parecerá raro, entonces, conocer que tiempo después la sumieron en un profundo mutismo del que salió gracias a Emilia Pardo Bazán, unos dos siglos después de su muerte.

El derecho a que te consideren y te dejen desarrollarte como ser humano funcional y autosuficiente suele salir caro. ¿Quién querría que una mujer sacara de la caverna —o de los corpiños— a las demás para que reinventasen sus propios finales felices?

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Sara Rey Morcuende

Sara Rey Morcuende es una estudiante del Grado de Estudios Hispánicos de la Universidad de Alcalá. Su amor por la literatura comenzó en las noches de lectura familiar durante su más temprana infancia. A partir de los ocho años dio sus primeras pinceladas en el mundo de la poesía gracias a algunos poemas de Gloria Fuertes. Desde los quince no ha podido soltar la pluma. Su pasión por el arte va más allá de la literatura: la música, la pintura, el cine, la danza…, en definitiva, la cultura, es lo que henchía su alma y todo el saber que le brinda es la raíz a la que se aferra cada vez con más firmeza. Hoy navega entre las olas de la filosofía, la política y, sobre todo, de la filología.

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