Entre poetas y monstruos. “El año del verano que nunca llegó”, de William Ospina

por Feb 17, 2021

Entre poetas y monstruos. “El año del verano que nunca llegó”, de William Ospina

por

William Ospina, El año del verano que nunca llegó

Barcelona, Random House

304 páginas, 17,95 euros

1816, el año del verano que nunca llegó al hemisferio norte, es el acontecimiento climático que William Ospina (Colombia, 1954) toma como el precursor del encuentro de cinco jóvenes que marcarían con sus vidas y sus obras la literatura y la sociedad inglesa de aquella época. Ospina titula El año del verano que nunca llegó a una novela ambiciosa en cuanto a las múltiples referencias biográficas que reconstruyen, además de sus memorias y trayectos como escritor, obras de arte, cartas, poesías, objetos, e historias familiares de los cinco personajes principales de su novela: Lord Byron, Percy Shelley, Mary Wollstonecraft, Clara Clairmont y William Polidori.

Ospina comienza narrando la procedencia de Byron para luego describir sus desaforos, excentricidades, escándalos y adentrarse a veces con sutileza y otras veces con perspicacia, en las vidas de las figuras ya citadas. La narración parte del encuentro propiciado por Clara Clairmont en una casa alquilada por Byron en Ginebra, Suiza. Durante tres días, los cinco jóvenes comparten lecturas, pensamientos e inquietudes intelectuales. Y es allí, en Villa Diodati, donde se forja la estrecha relación entre los poetas Shelley y Byron, sin menospreciar, que en esos días nacen también las obras legendarias de Mary Wollstonecraft Godwin y de Polidori; ya un poco menos conocida a nivel histórico y literario es Clara Clairmont, quien es la principal testigo de la obra y vida de los cuatro escritores.

En la novela de Ospina no falta ningún nombre clave a nivel literario. Aparecen escritores del siglo XVIII y XIX, además de artistas y filósofos, episodios y anécdotas que el autor entrelaza con los cinco personajes principales de su obra. Son dos los nombres que están ligados al romanticismo: Byron y Shelley, y dos los pilares de los géneros de Ficción gótica, Horror y Ciencia ficción creadores de Frankenstein y El vampiro: Wollstonecraft y Polidori respectivamente. Por un lado, los dos poetas que se convierten en amigos inseparables, compañeros de aventuras, cómplices y complemento intelectual uno del otro, nos dejan Las peregrinaciones de Childe Harold y el Himno a la belleza intelectual, por mencionar las obras más destacadas. Por otro lado, ya los otros dos escritores, un poco menos controversiales por su estilo de vida, pero no menos importantes para las letras, nos entregan a dos criaturas intemporales en el cine, encarnación de aquellos seres desprovistos de alma, nacidos en la oscuridad de un invierno prolongado, que actúan guiados por el automatismo y han despertado esa extraña fascinación hacia lo monstruoso.

Todo ello permite ver la importancia que tiene dicho encuentro en Villa Diodati durante el verano de 1816, es por ello por lo que más que una novela con su componente de ficción, claro está, la narración de Ospina aproxima, como quien cuenta una anécdota, las vivencias, aventuras, amores y desengaños de aquellos jóvenes escritores. Es también una especie de viaje en el tiempo, en la medida que teje con agudeza descriptiva y belleza literaria el espíritu de Londres, las maneras de la aristocracia y la sociedad, la figura de la mujer intelectual, revolucionaria y visionaria con el ambiente político y la relación entre Inglaterra y Francia, aludiendo al mismo tiempo a fragmentos poéticos y escenas pictóricas.

La novela El año del verano que nuca llegó reúne la tragedia y la pasión, lo demoniaco y lo angélico, lo humano y lo monstruoso que están incorporados en Lord Byron, Percy Shelley, Mary Wollstonecraft, Clara Clairmont y William Polidori. Ospina no escatima esfuerzo para no subestimarlos, es por ello por lo que el interés y la obsesión por las vidas de estos personajes, que manifiesta como narrador principal, no se ven disminuidos por las adversidades espaciales y temporales que le deparan la búsqueda biográfica, geográfica y literaria de esos magníficos personajes ingleses. Sin perder la rigurosidad que le impone el oficio de escritor, el humor también está presente en las líneas de la novela, que fluye de forma simultánea con la narración.

Al final, Ospina ofrece dos epílogos. En el primero, el escritor reflexiona sobre los motivos de su obsesión por los acontecimientos de aquel verano de 1816, que para él constituyen una búsqueda individual y que cambia según las razones de quien ha emprendido dicho rastreo literario e histórico. En el segundo, de un tono más filosófico que personal, se pregunta por el origen de los mitos, una pregunta, según él, urgente en los tiempos modernos. Luego viene un apartado de versos, donde Ospina ofrece una selección de frases y fragmentos poéticos, con ellos creemos, el autor sublima algunas de las más bellas obras de la poesía universal. Es la sensibilidad del novelista que sustenta las páginas de una novela expresiva, además de señalarlo como uno de los escritores más destacados de la literatura colombiana.

¿Te ha gustado el artículo? Puedes ayudarnos a hacer crecer la revista compartiéndolo en redes sociales.

También puedes suscribirte para que te avisemos de los nuevos artículos publicados.