Escala de escaques: una nueva mirada a la tradición española del ajedrez

por | Ene 7, 2019

Escala de escaques: una nueva mirada a la tradición española del ajedrez

por

AjedreZ. Arte de silencio. Ocho siglos de Cultura

Sala de las Musas (Museo de la Biblioteca Nacional de España)

Del 10 de octubre de 2018 al 27 de enero de 2019

Comisario: Eduardo Scala. Entrada gratuita

La obra de Eduardo Scala, Cántico de la Unidad, es, ante todo, una misión del desapego, vía apofática proclive a la búsqueda de la Verdad. En la línea de los investigadores herméticos, se ha propuesto desvelar —la alétheia griega que recuperara Heidegger— los secretos del lenguaje y de otras manifestaciones sagradas y cósmicas, entre las que se encuentra el ajedrez o, en su idiolecto, el AjedreZ, es decir, el A-Z, alfa y omega.

Desde su retirada de la competición en la que tenía una carrera prometedora, se ha afanado en restituir el significado y el valor original del milenario juego de mesa. Había captado la tergiversación y mancilla que sobre el ajedrez llevaban a cabo el hombre y los poderes económicos. Mancilla porque, incluso entre algunos grandes campeones, como ha criticado en varios de sus libros, la principal preocupación la constituían los honorarios y el rédito social; tergiversación porque sobre el “Juego de los filósofos” se había posado toda suerte de significaciones menores o ajenas, especialmente la concepción belicista.

Antes al contrario, supone un arte, a la manera en que lo interpretaron algunos de nuestros tratadistas hace varios siglos, y una vía de conocimiento, según todavía se entiende en algunas ramas como la mística sufí. Todas estas cuestiones se intentan transmitir en AjedreZ. Arte de Silencio. Ocho siglos de cultura, una exposición ubicada en la Sala de las Musas de la Biblioteca Nacional entre el 10 de octubre de 2018 y el 27 de enero de 2019. Qué mejor institución para exponer algunos de sus grandes propios tesoros bibliográficos y qué mejor lugar que esa sala, escoltada por un enigmático damero de luces y dominada por una atmósfera de reclusión y mudez que, a modo de cripta, favorece el espíritu místico con que se han de acoger todas las propuestas scalianas.

De entre los varios acercamientos que al juego del ajedrez se podrían haber realizado —de los cuales Eduardo Scala ha dado ya buena cuenta tanto en la reflexión teórica como en la experimentación más creativa, tanto en la prensa española como en libros de artista y exposiciones— en esta ocasión se elige la conexión entre ajedrez y cultura. Esta es “una infinita partida en el espacio simbólico de la imaginación”, según afirma Fernando Gómez Redondo en el magnífico catálogo de una exposición que se divide en cuatro apartados —“Hitos de la historia”, “Nuestros célebres tratados”, “Espiritualidad” y “Grandes autores de nuestra lengua”— situados en trípticos dobles, más un panel lateral perpendicular donde se añade información enriquecedora, desde la síntesis del mito de Sissa hasta algunos datos matemáticos curiosos en torno al juego.

La reivindicación general que del patrimonio cultural español hace Eduardo Scala se aprecia desde el primer momento, al recordar que, si bien el ajedrez es un invento antiquísimo, “se reconoce universalmente que en la Península Ibérica se reinventó”. Ello tuvo lugar a través de obras diversas, desde tratados a poemas, por hombres de las tres culturas, entre los que destacan Abraham Ibn Ezra con su poema sobre el ajedrez maadane Melech —Delicias del rey (1140) o el rey Alfonso X el Sabio, cuyo pionero Libro de los juegos todavía resulta inspirador. Así, hasta treinta y dos obras en total —número de las piezas sobre el tablero— de la tradición peninsular de entre las miles que alberga la Biblioteca Nacional de España: Lucena, santa Teresa de Jesús, “patrona de los ajedrecistas”, Cervantes o, más recientemente, Unamuno, Ramón y Cajal o Fernando Arrabal. Las dos curiosidades más llamativas son el escaque negro a lo Malevich que Scala ha querido conceder a una obra ausente, perdida, pero importantísima por tratarse del primer incunable de ajedrez en el mundo, el Llibre dels jochs partitis dels schachs (1495); y, por otro lado, la máquina de ajedrez de nuestro inventor universal Torres de Quevedo.

Difícilmente se puede ponderar la labor desinteresada que Eduardo Scala realiza en la revelación de muchos saberes en extinción a través de incontables proyectos realizados o a la espera de su coyuntura. Para este caso concreto, el autor madrileño se suma a despertar el recuerdo de un fenómeno que desborda la cortedad de miras con que se interpreta en la actualidad, y a hacernos escuchar las resonancias estéticas, científicas y espirituales del tablero. Si algún día en este país el ajedrez se convierte en asignatura escolar o las instituciones y universidades le dan justa cabida, pocos, como él, podrán ser laureados con el título de artifex.