Fractura, potencia y feminismo: una socialización liberada. “Obedecedario patriarcal. Estrategias para la desobediencia”, de Sara Berbel Sánchez y Bernat Castany Prado

por May 15, 2024

Fractura, potencia y feminismo: una socialización liberada. “Obedecedario patriarcal. Estrategias para la desobediencia”, de Sara Berbel Sánchez y Bernat Castany Prado

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Sara Berbel Sánchez y Bernat Castany Prado: Obedecedario patriarcal. Estrategias para la desobediencia

Barcelona, Anagrama

144 páginas, 11,9 euros

No es desconocido que la crítica y la teoría feministas se han dedicado activamente a descifrar cómo opera el patriarcado: la máquina en la que todos los géneros interactúan. Dentro del sistema sexo-género, hostilizado por binarismos caducos, se dan una serie de patrones de subordinación, extremadamente dañinos para las mujeres e, incluso, para los propios hombres. Como tales, son sistemáticos y se pueden sistematizar. Además, se organizan en axiomas con el fin de disciplinar cuerpos y subjetividades. Estos axiomas, “mandatos, […] preceptos, explícitos o implícitos” (p. 10), los recogen Sara Berbel Sánchez (Sabadell, 1964) y Bernat Castany Prado (Barcelona, 1977) en su ensayo Obedecedario patriarcal. Estrategias para la desobediencia (Anagrama), así como algunas pautas para subvertirlos. El libro contribuye, de este modo, a visibilizar los móviles conductuales, ontológicos… de la violencia machista que planea sobre los esquemas de socialización en la actualidad.

La primera parte del texto corresponde al obedecedario; la segunda, a las estrategias para la desobediencia. Sobre ambas se proyecta un ludismo que, si bien podría banalizar los contenidos tratados, en realidad busca expresar una lucha más “alegre” contra el adversario. Para las instrucciones, los autores se sirven de una terminología de corte psicológico, en relación con los símbolos patriarcales y sus efectos en la individualización y comunicación humana y cultural. También filosófico, en tanto que se problematiza todo un régimen de valores éticos, susceptible de ser reedificado para acoger el despliegue de las potencias de mujeres y hombres. Esta perspectiva interdisciplinar se fundamenta, todo es decirlo, en ejemplos cotidianos, reunidos bajo un marco teórico feminista e interseccional. Esto permite la reivindicación de estudios diversos y de referentes académicos, literarios, sociológicos, científicos… de distintas épocas.

El obedecedario es antitético para mujeres y hombres; a estas alturas, es evidente que la normativización de sus comportamientos difiere radicalmente. La mujer se ve forzada a otorgar o, en otras palabras, a reducir su deseo de conocer el mundo y de enfrentarse a la realidad que impone la misoginia institucionalizada. Para desligarse del mandato que la obliga a disminuirse, tendrá que anular la simulación que la coacciona, hablar —gritar, acaso— y, así, desobedecer los códigos dogmáticos del mutismo, de la tranquilidad y de la concesión. Todos ellos se agrupan, junto con la bondad, el altruismo, la solidaridad, la emotividad, el sacrificio familiar, etc. bajo el marbete de lo femenino y predisponen la supresión de la voz de las mujeres; la voz de aquellas a las que el patriarcado exige borrarse, provocar su “autoanulación” (p. 37), en consonancia con el “borrado físico y simbólico” (p. 36) que la historia —masculina— ha conseguido asegurar. Para volver a dibujarse en los territorios del mansplaining, las mujeres invadirán el espacio negado: se liberarán. Sus acciones tendrán un alcance amplio, ya que invertirán su claudicación y pondrán de relieve su capacidad de debate, la ambición… en contra de la autodisminución, la inseguridad y el sentimiento de ilegitimidad. Su participación en el debate público y la involucración política serán símbolos de una sociedad más justa.

Al mismo tiempo, el patriarcado le dice al hombre que opine, que interiorice la posesión de verdades universales. Explican los autores que su belicismo lo lleva a imponer comportamientos basados en el honor, la imperturbabilidad, la racionalidad, la frialdad, la fuerza, la victoria, la defensa…: a batallar, a ser cruel, porque para él el mundo y las mujeres —sus cuerpos, sus mentes…— son una mercancía a conquistar. Asimismo, el patriarcado le ordena que se despliegue tanto física como simbólicamente; los hombres no se hacen, desde luego, pequeños. Su fin es triunfar, lo que en una dimensión política implica un discurso “competitivo y agresivo” (p. 75). Berbel y Castany evidencian la doctrina (in)visible del sistema para después comprender cómo se fundan unas identidades masculinas contradictorias que dependen de la mujer —y de su control— para ser. Este sistema, conjugado con el capitalista, educa en el aislamiento y la competitividad. Ambos comparten el objetivo de continuar abriendo la brecha entre los géneros. Por ello, el ensayo llama a la lucha común y a pensar en alternativas posibles, pues los límites del patriarcado también son límites de la liberación del ser humano.

Las estrategias para la desobediencia se ordenan de lo psicológico a lo ontológico. La primera de ellas se refiere al aspecto material de la lucha feminista. Como expresan los autores, existe la necesidad de iniciar proyectos políticos de emancipación que “atienda[n] a las especificidades de la situación socioeconómica de las mujeres” (p. 86). Porque el neoliberalismo es un productor de pobreza y, por tanto, de desigualdad. El desnivel económico debe ser el centro, todavía, de los debates sociales de las mujeres; solo cuando se suprima esta desproporción se podrá profundizar en la búsqueda de una nueva ética caracterizada, precisamente, por el equilibrio y la equidad. La segunda estrategia de desobediencia reincide en la importancia de reconocer las prácticas de sumisión para “bloquearlas” y “subvertirlas” (p. 101). La humanización y revitalización de las potencias evitarán la perversión del poder, “de ahí la importancia de realizar acciones que constituyan hábitos que, articulados, constituyan un carácter poderoso” (p. 104). Por cierto, estos hábitos procurarán fijar nuevas tipologías de cuidados, por todos y para todos. En resumidas cuentas, el texto anima al lector a demoler el fatalismo interesado, a amenazar el automatismo y a comprometer las fronteras de lo posible. Curiosamente y, aunque la rabia de las mujeres esté justificada, las partes implicadas tendrán que dialogar: este es el único modo de verificar el conocimiento que cree poseer la humanidad. La furia confrontará la subordinación, pero, según el ensayo, hay que explorar la paz y la cooperación.

Obedecedario patriarcal. Estrategias para la desobediencia es un libro que rompe con la alienación. La destrucción de moldes impuestos es una labor fundamental si lo que se busca es la (re)construcción del orden genérico-sexual. Eso sí, a veces la especulación optimista obvia algunas realidades clave; realidades que, además, una parte del feminismo actual está comprometida en visibilizar. La conversación en torno a lo que escapa de las etiquetas tradicionales de hombre y mujer es sana, no divisoria; en todo caso, diría que es exigida… ¡Despleguemos, todxs, nuestras potencias!