Inocencia y naturaleza truncadas. “El río baja sucio”, de David Trueba

por Dic 11, 2019

Inocencia y naturaleza truncadas. “El río baja sucio”, de David Trueba

por

David Trueba, El río baja sucio

Madrid, Siruela

193 páginas, 14,90 euros

El periodista y director de cine David Trueba regresa a la creación literaria de la mano de El río baja sucio, su sexta novela. Si ya en su obra anterior, Tierra de campos (2017), reivindicaba la vuelta a los orígenes y a la tierra, en este nuevo título cobra un especial protagonismo el espacio como conformador de la personalidad, en concreto, la influencia determinante del paisaje y las circunstancias que lo rodean a la hora de que dos jóvenes afronten el duro trago de crecer de golpe, de hacerse mayores, de perder la inocencia de la infancia en favor de la madurez y de una nueva etapa como miembros de una sociedad que muchas veces no los comprende.

            Para Tom, un adolescente de catorce años, la casa que tiene su madre en la sierra es mucho más que eso: es libertad de horarios, es reencuentro con su mejor amigo, es salir con las bicis hasta la tarde, es juegos y diversión junto al río. En definitiva, es una forma de vida muy diferente a la del Madrid en el que vive, en el que reparte sus horas entre el instituto y los entrenamientos de fútbol, a los que acostumbra a llevarle su padre, separado desde hace poco de su madre. Y en ese otro plano de su vida, a una hora de la capital, se encuentra su amigo Martín, un chico de su edad con ínfulas de influencer al que conoce de siempre. Sin embargo, sus caminos parecen separarse de forma definitiva: la madre de Tom planea vender la casa de la sierra, lo que supondrá el fin de una etapa tan importante para ella como para su hijo. Entre los motivos para esa venta se encuentra la degradación del paisaje, la suciedad que envuelve al río a base de vertidos y falta de inversión en su limpieza, que dota al relato de cierto carácter melancólico que hace recordar el pasado, tal vez mejor, y que consigue que el público reconecte con una realidad más que candente: la lucha por devolver al paisaje su antiguo esplendor, por hacerlo de nuevo habitable a la par que salvaje y convertirlo en un espacio libre de basuras, residuos, olvido. Este será, además, uno de los propósitos de Ros, el vecino recién instalado en la casa de Los Rosales, símbolo del lugar, que poco a poco establecerá un vínculo de complicidad con ambos jóvenes, lo que lleva a pensar que niños y adultos no son en realidad tan diferentes.

            En El río baja sucio el lector encuentra a un protagonista en plena adolescencia que tiene que afrontar decisiones duras, hasta entonces impensables para él. Sin ser en exclusiva una novela de formación, Tom rememora y cuenta en primera persona –dirigiéndose a un “tú”– cómo se desarrollaron los acontecimientos acaecidos cinco años atrás: cómo su madre y la de Martín –amigas desde pequeñas y compañeras de juegos junto al río, aunque este fuera muy diferente al que ellos conocieron– estrechaban lazos antes de poner fin a sus encuentros rurales; cómo la contaminación oprime cada vez más a la naturaleza y a un río caudaloso que antaño fue limpio, claro y en el que se podían bañar los veraneantes; y también cómo se desdibujaron sus años de infancia junto a su mejor amigo, a pesar de las promesas de que seguirían viéndose de vez en cuando.

            Publicada en la colección Las Tres Edades de la editorial Siruela, esta novela se puede adscribir a la literatura juvenil pero no debe restringirse únicamente a ella. Los problemas que plantea y que acorralan a sus personajes y las situaciones que presenta no resultan ajenas a ningún lector, independientemente de la edad que figure en su documentación, sino que nos atañen a todos: la amistad, la pérdida, la pena, el recuerdo… son aspectos que se conjugan con cuidado y detalle en este texto y que a través de un lenguaje claro y bien articulado consiguen remover las emociones de jóvenes y mayores gracias a la prosa de Trueba, quien continúa perfilándose como un excelente narrador del que cabe esperar muchas más historias.

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