Vivir en una isla. «La cucaracha», de Ian McEwan

por | Feb 13, 2020

Vivir en una isla. «La cucaracha», de Ian McEwan

por

Ian McEwan, La Cucaracha

Barcelona, Anagrama

Traducción: Antonio-Prometeo Moya Valle

126 páginas, 17,90 euros

Jim Sams despierta para descubrir que se ha convertido en un ser humano, un ser vulnerable con el esqueleto dentro y la carne fuera. Por más aversión que este hecho le cause, tendrá que acostumbrarse a vivir con una lengua húmeda, una gran cantidad de dientes en una boca que le desconcierta y una visión menos definida pero llena de colores. El instinto lo conduce hacia su destino. Se encuentra llevando a cabo un plan en el cuerpo humano del Primer Ministro del Reino Unido.

Con su peculiar sentido del humor, Ian McEwan (Aldershot, 1948) nos sirve esta sátira política a la vieja usanza. Una cucaracha de Westminster que se infiltra junto con otras cucarachas en el gabinete del primer ministro para dar un vuelco a la votación que simbólicamente representa la decisión del Reino Unido de salir de la Unión Europea. La idea planteada es revertir el flujo de dinero para acabar con todo un sistema económico que purificará definitivamente la nación y la alejará de las injusticias sociales y de cualquier peligro que la aceche. Los Reversionistas son un grupo de derechas que, con su mensaje populista y anti elitista, ha conseguido salir de las conversaciones alcohólicas de pubs para alojarse en una opinión pública receptiva a sus despropósitos políticos. Esta sátira pone de manifiesto la brecha irreparable a la que se han visto abocados los ciudadanos del Reino Unido por unos políticos sin altura de miras a los que el populismo ha encumbrado.

Entre los aspectos más interesantes de la novela se encuentran las reuniones mantenidas con el presidente de Estados Unidos, la canciller alemana o el enfrentamiento con el presidente de Francia. Archie Tupper es el presidente estadounidense, alter ego de Donald Trump, que termina dando su aprobación a los Reversionistas. También China aparece como auspiciador del cambio prometiendo un dinero a cambio de establecer tres centrales nucleares en Reino Unido. Pero la reversión del flujo de dinero se apoya sobre todo en la alianza sin precedentes entre la clase obrera empobrecida y las personas mayores de todas las clases sociales, animados por la nostalgia nacionalista. Para McEwan, el golpe definitivo lo dio la prensa “reversionista”, que consiguió llegar al pueblo a través del concepto de nación y la idea romántica de devolverla a un supuesto esplendor pasado. Apelando, así, al amor por la patria, se acabaría con las desigualdades norte-sur y con cualquier situación de injusticia, simplemente con revertir el orden social establecido hasta entonces.

McEwan plantea la espinosa pregunta de cómo va a sobrevivir la economía “reversionista” en un mundo que va en la dirección de las agujas del reloj. Es decir, cómo va a sobrevivir un país cada vez más aislado en una deriva mundial tendente a la integración de países diferentes y la abolición de las fronteras. A McEwan le preocupa la situación en la que queda el Reino Unido, excluido de las relaciones con sus, hasta entonces, socios de la Unión Europea. El punto de división que establece McEwan es que los científicos eminentes, los premios Nobel, en definitiva, la clase intelectual está en contra de dicho proceso de “Reversión”, pero nada puede hacer contra la voz del pueblo que clama que se siga adelante en su cruzada patriótica.

Aunque la perspectiva económica para el país es desoladora y puede que el proyecto los arrastre hacia un Reino Unido sumido en el caos, parece que el salto hacia adelante es lo único apropiado para no traicionar a un pueblo enfadado que quiere satisfacer su orgullo patrio.

La muerte de unos pescadores británicos por un accidente en aguas francesas es convenientemente utilizada para provocar un incidente internacional con Francia y la Unión Europea y enardecer, así, la exaltación nacional y la necesidad de afianzar el proceso de separación de una Unión Europea hostil y agresiva contra el Reino Unido. El Reino Unido necesita un enemigo común contra el que luchar unidos después de la división que rompe el país en dos. La máxima de “El fin justifica los medios” está presente en toda la obra. Asistimos en La cucaracha al renacimiento de la putrefacción, el aislamiento y el sufrimiento económico y político de un pueblo. Se satiriza al ciudadano medio bien intencionado que se ha dejado embaucar por una idea romántica de bienestar de un tiempo pasado en el que la nación era grande en su isla. El populismo aparece, así, como la mayor dolencia que aflige a las sociedades democráticas actuales.

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