La liberación de los recuerdos. Elena Soriano y “La Playa de los locos”

por Abr 6, 2024

La liberación de los recuerdos. Elena Soriano y “La Playa de los locos”

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Elena Soriano publica su novela La Playa de los locos en 1955 tras innumerables luchas contra la censura, pues se consideró que esta novela era inmoral y, por lo tanto, impublicable. La novela no pretendía reflejar una realidad objetiva y neutral, sino un paisaje evocador, simbólico y tan representativo como la protagonista de la propia novela. Soriano trató de salvar el texto de la denegación recurriendo a todos los medios de los que disponía. Finalmente, quedó prohibida su publicación y venta en toda España. De esta manera, la censura infligió en ella daños que serán graves e irrevocables para su difusión y para el lugar de la autora en la historia literaria.

La Playa de los locos es una novela que transita por los surcos que dejan los recuerdos en la vida de una mujer madura, frustrada y, sin embargo, ilusionada por volver al sitio donde experimentó por primera y única vez su plenitud y su libertad. Soriano se sirve de una prosa muy emocional, clara y concisa para exponer las frustraciones y los anhelos de esta mujer, sobre la que se ha impuesto el peso de los años y el fracaso de las expectativas puestas en aquel lejano verano del 36 en el que viajó al Norte, a la Playa de los locos. Este desengaño ha marcado toda su trayectoria vital con angustia y melancolía. Todo ello lo expresa a través de una carta al amor perdido que sirve como medio de liberación al reencontrarse con el paisaje la enamoró en todos los sentidos, el lugar donde todo comenzó, el lugar donde más feliz fue y a la vez más desolada se sintió, el lugar donde conoció al amor de su vida y el lugar donde descubrió que el tiempo pasa irremediablemente sobre nosotros haciéndonos dichosos y desdichados al mismo tiempo.

La Playa de los locos, paisaje idóneo para la emancipación emocional y pasional, que evoca sensualidad, afecto y melancolía, es el espacio perfecto para la liberación exacta y precisa de unos recuerdos dolorosos y de un pasado desde el fracaso en su madurez durante los últimos veinte años. La sensualidad del paisaje se refleja en la del cuerpo amado y evocado, sobre los que, sin embargo, el tiempo ha efectuado su trabajo de olvido y destrucción. El amor que presenta Soriano se convierte así en un idilio que se conecta directamente con un paisaje maravilloso que origina la locura y la desesperación final. La manera de reflejar estas sensaciones a través de la voz de la protagonista permite a los lectores y a las lectoras participar de ese erotismo gozoso y liberador y de esas emociones que sintió hace veinte años y que se vuelven a despertar ahora. La habilidad de Soriano para crear este paisaje emocional es magistral y se sirve, para ello, de una prosa magnífica, cuidada, clara, bella y concisa.

La novela habla de la juventud perdida y del paso del tiempo que hace mella en las personas, pero sobre todo del recuerdo imborrable que deja las personas que en algún momento quisimos, y que, de una manera u otra seguirán presentes en nuestra memoria y en ciertos lugares que adquieren matices tan mágicos y evocadores. El profundo simbolismo de esa playa, la convierte en protagonista de la propia obra. Su silencio, análogo al del joven, dignifica el espacio como testigo mudo de los hechos acaecidos en ella y de la propia experiencia vital de la narradora. Solo volviendo a esta playa, al sitio donde todo sucedió, conseguirá soltar parte de la carga sentimental que lleva veinte años guardado, descubrirá que el verdadero amor de su vida lo había conocido en el lugar en el que se encontraba escribiéndole una carta, el lugar del primer contacto, el lugar que les volvió locos de amor y donde vivieron los momentos más intensos y auténticos de su relación, el lugar que siempre les reconectaba, el lugar del desenlace de su historia de amor.

Por todo ello, la memoria es un pilar central en esta novela, la materia con la que se teje y el vehículo del que se sirve la protagonista para vincular el hoy de una mujer derrotada, desengañada y frustrada y el ayer en el que rozó su libertad, que después le fue arrebatada. Es también la memoria la que le permite ofrecer el testimonio de sus verdaderos sentimientos. Pero para que estos recuerdos funcionen necesita volver al lugar que había sido testigo y protagonista de su idilio, el lugar en el que pasara el tiempo que pasara, siempre los reconectaría de nuevo, el lugar donde explotaron todos sus sentidos, pero también sus emociones y sus valores. El valor simbólico que su conciencia ha dado a esta playa, como expresión del erotismo, de la sensualidad y de la libertad la convierten en el escenario perfecto para que la protagonista se despida finalmente de estos recuerdos tan dolorosos y de esta persona que le ha marcado de por vida. De esta manera, Elena Soriano crea literariamente un espacio que, si bien tiene un referente extraliterario, se le dota de una realidad inédita, un paisaje idílico, testigo de la intimidad y libertad más puras arrebatadas a causa de la guerra.