Eso que fuimos. “La tierra desnuda”, de Rafael Navarro de Castro

por | Mar 12, 2019

Eso que fuimos. “La tierra desnuda”, de Rafael Navarro de Castro

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Rafael Navarro de Castro, La tierra desnuda

Barcelona, Alfaguara

525 páginas, 18,90 euros

“Tú eres un niño de la montaña. Si alguna vez te falta algo no lo busques en ninguna otra parte. Todo lo que necesitas está aquí, entre estas piedras, entre estos picos, entre estos barrancos. Has nacido en lo alto de un mulo. No irás más lejos que donde ese mismo mulo te pueda llevar”, le dice su abuela a Blas, el protagonista de La tierra desnuda, que todavía es un bebé rodeado de gatos y acomodado bajo una higuera. El tiempo pasa de forma inexorable y la desesperanzadora advertencia, o el útil consejo, según se mire, se termina haciendo realidad. Sin embargo, ¿habrá algo más allá de los alrededores de los Peñoncillos en los que viven Blas y su familia? ¿Qué le deparará la vida a ese todavía niño? Tierra y animales, tierra y semillas a las que les cuesta brotar, tierra y rencores, en definitiva, tierra desnuda.

Rafael Navarro de Castro (Lorca, Murcia, 1968) ha compuesto en su primera novela un detallado relato de la vida en la montaña, de la supervivencia en medio de una naturaleza que no siempre resulta una buena madre para sus hijos, sino que en muchas ocasiones parece empeñarse en ponerles piedras en el camino para hacerles todavía más costosa su existencia. El autor establece una cronología amplia pero a la vez muy concreta para que sus personajes paseen por ella: desde algunos meses más tarde de la proclamación de la Segunda República española hasta la primera década del nuevo milenio, pasando por el derramamiento de sangre de los años de la contienda, la crudeza de la posguerra, la muerte, mucho tiempo después, del dictador y la posterior llegada de la democracia. El discurso defendido por Navarro de Castro no le resulta ajeno en tanto que, como él mismo afirma, con esta obra se ha propuesto homenajear a aquellos que quedaron atrás y que sufrieron una época y, en concreto, un espacio más que hostil: los parajes de la montaña granadina que tan bien conoce desde que se trasladó a vivir allí hace unos años.

Lo que está alojado en la memoria no se olvida con facilidad. El protagonista siempre recordará las enseñanzas de su abuela y de su padre y estas le servirán para sobrellevar algo mejor los golpes que le vaya deparando la tierra. La tierra y sus moradores. Vecinos que pasan hambre y vecinos que se enriquecen a costa del dolor y la desgracia ajena, amigos de la infancia que serán compañeros del largo viaje, una esposa con las ideas claras y las metas fijas, unos descendientes que ignoran lo que apenas quieren conocer, esto es, un compendio de personajes retratados minuciosamente hasta en el uso que hacen del lenguaje. En este ejemplo contemporáneo de literatura rural —una corriente que está en alza últimamente y que en esta muestra concreta no escapa de reminiscencias de narrativas destacadas en nuestra literatura como las de Miguel Delibes o Julio Llamazares—, el habla de la zona y de las franjas de edad por las que van pasando queda reflejada y perfectamente caracterizada a través de las reflexiones en voz alta y los verosímiles diálogos.

La historia de La tierra desnuda es la de Blas, pero podría no serlo. Los hechos que le van sucediendo no resultarán del todo ajenos a muchos lectores porque esta es la historia de sus padres, de sus abuelos, de aquellos cuyos pasos, lejos de la ciudad, giraron siempre en torno a la tierra, a la simiente, a la vida. Y es que en muchos casos las propias raíces impiden el movimiento. Con un especial cuidado en la descripción de los campos, las viñas, los cerezos, el trabajo de los mulos y el arado así como el de las personas que lucharon con ahínco para conseguir sacarlos adelante, Navarro de Castro construye en esta novela la biografía de Blas a la vez que reconstruye parte de la historia de un país que, ahora moderno, avanzado y tecnologizado, parece haber olvidado cómo se vivía no tan lejos, no hace tanto.

 

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