El teatro romántico como herramienta de reestructuración social. «La hija de las flores» o «Todos están locos», de Gertrudis Gómez de Avellaneda

por Jun 9, 2020

El teatro romántico como herramienta de reestructuración social. «La hija de las flores» o «Todos están locos», de Gertrudis Gómez de Avellaneda

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La hija de las flores o Todos están locos (1852) es una obra de teatro escrita por Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873), autora de nacionalidad cubano-española, cuyos trabajos se encuadran dentro del movimiento romántico. A continuación, se pretende dar cuenta del modo en que integra la visión romántica en dicha obra, al mismo tiempo que se busca determinar los mecanismos de los que se sirve para reflejar en esta el esbozo de una nueva estructura social.

Este teatro nos presenta la historia de Flora, una joven criada al margen de la sociedad por Juan, jardinero en la casa del Barón, y su mujer Tomasa. Estos afirman que Flora es hija de las flores y así ella misma lo hará, girando la trama en torno al desentrañamiento de este misterio. Mientras encontramos que en la casa del Barón se va a celebrar la boda de su hija, doña Inés, con don Luis, sobrino del Conde de Mondragón, a pesar de que ninguno de los dos  desea casarse; don Luis porque conocerá a Flora y se enamorará de ella; doña Inés porque está imbuida en una continua tristeza, cuyos motivos desvela hacia el final de la obra. Doña Inés fue violada y tuvo una hija que ella dio por muerta y esto es lo que le atormenta. Sin embargo, dicha hija no murió, sino que su nodriza, Beatriz, prima de Tomasa, se la había entregado a esta última. Finalmente se descubre que es Flora la hija de Inés y que quien la violó fue el  Conde. De este modo el Conde pide matrimonio a doña Inés y se casan. Don Luis y Flora se habían casado anteriormente en secreto por temor a que no les dejasen hacerlo.

Teniendo en cuenta el argumento de la obra, vamos a establecer qué elementos del Romanticismo utiliza La Avellaneda. En primer lugar, podemos señalar que, a pesar de ser una comedia, también encontramos elementos trágicos, lo que rompe con la precedente tradición neoclásica que buscaba evitar tal tipo de combinaciones. El contraste entre el carácter de Juan y el de Tomasa es cómico en sí mismo. Juan es un poco ingenuo y se da aires de importancia por tener que ocuparse de la casa del Barón, lo que contrasta con su condición de jardinero. El carácter de Tomasa es totalmente opuesto, es fuerte, dominante e impone su voluntad. El tono trágico lo aporta principalmente el personaje de doña Inés durante toda la obra con una psicología distante y atormentada, que se refleja con especial intensidad cuando desvela que fue violada y tuvo una hija.  Además, también puede señalarse el uso del lenguaje como mecanismo para la caracterización de los personajes. No obstante, al contrario que en el teatro romántico, no hay constantes cambios de espacio, pues la acción se desarrolla en una jornada (mañana, tarde y noche) en la casa del Barón.

Igualmente, la autora aprovecha elementos románticos, temáticos y funcionales, para introducir en el teatro una configuración social novedosa, en la que tenga lugar el valor de la libertad.

En esta línea, resulta interesante resaltar la relación entre la obra y la biografía de la autora. La Avellaneda tuvo una hija en abril de 1845 fruto de su relación con el poeta Gabriel García Tassara, el cual se desentenderá de ella desde el principio y no la reconocerá. La niña muere a los siete meses. De modo que se advierte una similitud entre la propia vida de La Avellaneda y el personaje de doña Inés. Este es, de alguna forma, el primer paso que impulsa al cambio social que la obra propone, pues la autora utiliza su propia vida para reflejar la situación de la época que como sociedad se vivía.

También hay que destacar cómo el personaje de doña Inés soporta la carga que impone la sociedad del siglo XIX. Es una mujer que ha sufrido una violación de la que nadie más que su nodriza Beatriz sabe, tampoco nadie más lo puede saber, ni siquiera su padre, el Barón, ya que supondría reconocer públicamente la deshonra. Por tanto, se ve obligada, al mismo tiempo, a ocultar el sufrimiento por la pérdida de su hija. Sin embargo, al final la propia doña Inés consigue parte de la libertad que anhelaba al confesarlo todo independientemente de las consecuencias que esto suponga.

Al igual que Moratín en El sí de las niñas, se trata el tema del matrimonio desigual, no obstante, se aprecian ciertas innovaciones. En este caso, la de mayor edad es la mujer y ninguno de los dos quiere casarse, en oposición al teatro de Moratín donde las reticencias al matrimonio tan solo son presentadas por la parte más joven, doña Francisca. A pesar de esto, no se atreven a decírselo al Barón y al Conde y suspender la boda dado que se ven presionados por la sociedad y los roles de género que les impone, y en los que a su vez se escudan (hija obediente con obligación de asegurar la herencia y sobrino noble con el deber de mantener su honor a través de un matrimonio económicamente ventajoso).

En cuanto al tratamiento que se hace sobre el amor imposible, se percibe la denuncia que hace la autora sobre las imposiciones sociales, que en este caso impiden la relación de don Luis y Flora. En respuesta a esto y como forma de reivindicación La Avellaneda atribuye al personaje de Flora la categoría de héroe romántico, lo que revoluciona completamente el panorama de la sociedad dieciochesca. Al igual que los héroes románticos, Flora tiene un origen misterioso, aparentemente sobrenatural, y así es percibida por el resto de personajes. La autora aprovecha esto para involucrar a un nivel mayor al lector, o espectador, y para defender que estar al margen de la sociedad supone la libertad, pues Flora es la única que se mueve según su voluntad, se casa con don Luis porque quiere. De modo que está dibujando una nueva faceta de la mujer al contrario que sucede con el matrimonio del Conde y doña Inés, reflejo de una sociedad necesitada de cambios. El Conde ha violado a doña Inés y, por ello, le pide matrimonio como solución para reparar sus actos. Doña Inés debe aceptarlo sin objeción, porque es la única salida que, como mujer, puede tener dentro de la sociedad. Se ha de señalar que el origen desconocido del protagonista no es un recurso extraño, pues incluso en la cultura cinematográfica infantil, en películas de Disney como Tarzán o El libro de la Selva, también se ha utilizado con el fin de promover un cambio social dirigido hacia la libertad.

Asimismo, se puede apreciar la importancia de la simbología de la flor de lis,  que aparece a lo largo de todo la obra. Esta supone un constante y doloroso recuerdo para doña Inés, pero también aporta parte de las características del personaje de Flora: la pureza, la aparente divinidad. A su vez, por la forma de la flor de lis se ha considerado su posible semejanza con el ave fénix, lo que entraría en consonancia con la aparente muerte de Flora nada más nacer que luego resulta no ser así y con la intención de La Avellaneda de reflejar una sociedad que debe reinventarse.

Por último, se puede advertir la relación entre esta obra de teatro y el cuadro La Gran Guerra (1964) de Magritte (1898-1967) realizado un siglo después. Ambos utilizan la simbología floral para referirse a aquello que aun estando a la vista de todos se esconde y que se configura como una llamada que invita a la reflexión del receptor. Además, los dos casos, tanto literatura como pintura, plantean una estructura social diferente a la de la época en que se encuadran.

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