Materia tangible, memoria ajena, “la voz del padre, la voz de la madre” de Lucía Boned

por | Jul 24, 2020

Materia tangible, memoria ajena, “la voz del padre, la voz de la madre” de Lucía Boned

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Lucía Boned, la voz del padre, la voz de la madre

Barcelona, Temporal

72 páginas, 12 euros

En 1939, José María, el abuelo de Lucía Boned (Valencia, 1981), estuvo preso durante ocho meses en la cárcel de Montjuïc. Su mujer Teresa y los dos hijos que tenían por entonces, se mudaron de Valencia a Barcelona para poder estar más cerca. Mientras él estuvo cautivo, el matrimonio se mandó pequeñas notas escondidas entre los paquetes de ropa y comida que entraban y salían de la prisión. Los mensajes de Teresa y José María sortearon la vigilancia de la cárcel y también el paso del tiempo. La información ha conseguido transitar hasta el presente y llegar a manos de Lucía, quien, ochenta años más tarde, publica una selección de los textos. la voz del padre, la voz de la madre nace de lo material y se articula gracias al recuerdo. El libro, que combina lo escrito con lo visual, está redactado entre tres generaciones de la familia. A las transcripciones de las cartas, las siguen recuerdos relatados casi de forma oral por el padre de la autora. Y al final, Lucía, elabora un catálogo de objetos y memorias con el que cierra el libro.

Unas cuarenta notas muestran el anhelo de Teresa y José María. En estos textos minúsculos, se condensa la intimidad entre ambos y se alumbran sus formas de ser. Él—autor de la mayoría los textos que se conservan—práctico e ingenioso. Ella—quien fue guardando los papelitos que recibía—hábil y fuerte. Sus palabras clandestinas también dejan constancia de las maniobras del matrimonio para escribir y enviar mensajes diminutos e inteligibles, sus días dentro y fuera de la cárcel, y abrazos y besos y cariños a los niños. La segunda parte del libro está escrita por Enrique, padre de Lucía y uno de los diez hijos de Teresa y José María. Esta se construye a partir de fragmentos donde cuenta anécdotas de cuando él era niño, casi como si las narrara de forma oral. Rutinas de la casa, comidas, y recuerdos de esa época ensanchan la imagen del matrimonio situándolo en el contexto doméstico y familiar. En la última sección, Lucía cuenta su descubrimiento de las notas y estudia, sobre todo, el recuerdo material de sus abuelos. Entre datos y memorias que tiene sobre ellos y que presenta en entradas concisas, se incluyen fotografías de objetos que pertenecieron al matrimonio.

Fuera del paso de José María por la cárcel, el libro no se centra tanto en detallar el contexto de la posguerra, sino que busca reconstruir un retrato familiar desde lo cotidiano y el día a día. La materia tangible y la memoria ajena se encuentran para rescatar el recuerdo fragmentado de unos abuelos a los que Lucía no llegó a conocer. Junto a las notas diminutas, el testimonio de su padre se convierte en la voz que une a las dos generaciones entre las que él se encuentra. Enrique ayuda a textualizar los materiales, carentes de palabras, y Lucía ensambla texto e imagen para construir la voz del padre, la voz de la madre.

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