Mente a juicio. “Un plan sangriento”, de Graeme Macrae Burnet

por | Ene 30, 2020

Mente a juicio. “Un plan sangriento”, de Graeme Macrae Burnet

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Un plan sangriento, Graeme Macrae Burnet

Traducción de Alicia Frieyro

Salamanca, Impedimenta

384 páginas, 22,80 euros

Roderick Macrae es un joven hijo de pastor que vivía en las Tierras Altas escocesas, en una aldea perdida de nombre Culduie, junto a sus padres, su hermana y sus otros dos hermanos mellizos. La vida de esta familia era acorde a su situación económico-social, pero todo comenzó a torcerse y volverse de un tono más taciturno y precario a raíz de la muerte de su madre, quien en realidad representaba el único nexo de unión entre los demás miembros. Sumándose a esta pérdida, llegó la proclamación de Lachlan Macrae (un vecino de la comunidad de carácter déspota y maquiavélico) como el alguacil del pueblo (representación pública encargada de la administración y cumplimiento de las leyes) lo que solo podía suponer una mayor carencia de humanidad. Esta falta de la figura materna en una familia moralmente derruida y la represión tiránica por parte de su vecino, dirigida exclusivamente a su progenitor, hacen que Roderick decida acabar con todo y llevar a cabo el asesinato de Lachlan, para así poner fin a las penas de su padre.

El escritor escocés Graeme Macrae Burnet (1967) vuelve a sustituir la tinta de su pluma por sangre para relatarnos una historia que gira alrededor de un triple asesinato, siguiendo de esta forma su línea de autoría comenzada con su primera obra The Disappearance of Adèle Bedeau, ganadora del premio Scottish Book Trust New Writer Award en 2013.

Para introducir esta historia, Burnet emplea el recurso de manuscrito encontrado, haciendo referencia a un testimonio escrito por un joven preso confeccionado durante los días de espera a su juicio. De esta forma, se comienza a establecer la arquitectura de la obra estructurada en una serie de documentos: en primer lugar, se dan los testimonios de los vecinos que presenciaron la revolución y la confusión provocadas por los asesinatos; después, los escritos de Roderick, donde se narra toda su vida hasta la razón por la que se encuentra en esa situación; y, por último, el desarrollo del juicio para llegar a una conclusión sobre la vida del acusado.

La parte más extensa de la obra son las andanzas de nuestro protagonista a lo largo de su vida y su relación con los demás personajes, haciendo alusión a infinidad de elementos y circunstancias clave para el desenlace; como sus amistades, amores, familia, trabajos y enfrentamientos, tanto morales como sociales. Todo esto queda concentrado en la única rutina vital que una aldea carente de progresión puede brindar a un ser tan despreciado y marginal como lo es Roderick: sobrevivir encerrado en su cabeza.

Se crea así un excelente pretexto colmado del más mínimo detalle para poder desarrollar lo que en realidad importa en toda esta historia, es decir, el juicio por la inocencia inexistente de Roderick. Y, debo recalcar esta inexistencia en cuanto a su inocencia ya que es la única realidad. Es el propio joven Macrae quien escribe en sus memorias cómo llevó a cabo los tres asesinatos y la veracidad de sus actos. Desde un comienzo, confiesa su atentando contra la vida de sus tres vecinos sin mostrar ningún atisbo de culpabilidad. Es más, muestra todo lo contrario. Para él, lo sucedido era la única forma de poder salir de la desgracia que tenía por vida.

Una vez tenemos el conocimiento de todo lo ocurrido en el pueblo Culduie, comienza el juicio. Un juicio cuyo objeto no será los propios asesinatos, sino la mente que los planeó. Ante la clara culpabilidad del acusado, tanto la línea defensiva como su contraria intentan sacar a la luz la naturaleza psicológica del sujeto. Por un lado, el abogado de Roderick intentará convencer al veredicto de que este no se encontraba en sus plenas facultades mentales a la hora de matar a la familia Lachlan, encomendándose así a la inocencia por demencia de su cliente. Por el contrario, se intentará evidenciar que el asesino no dispone de ninguna enfermedad mental por la que se pueda perdonar sus actos, condensándolo así a la muerte por silla eléctrica.

Esta batalla sin escrúpulos por el destino de una vida teniendo como base su subconsciente envenenado por una sociedad abusiva y opresora se alarga por varios días sin decantar la balanza hacia ningún lado. Los dos extremos tienen argumentos de suficiente peso como para no alterar el equilibrio. Sin embargo, esta armonía queda rota al tomar una decisión. Una decisión que juzga la voluntad de un cuerpo con el alma corrompida. Un alma y un cuerpo pertenecientes a una mente que le arrebató el alma a, ahora, tres cuerpos inertes.

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