No hay presente comprensible sin pasado conocido, “Usos amorosos de las mujeres en le época medieval” de Teresa Vinyoles Vidal

por Mar 15, 2021

No hay presente comprensible sin pasado conocido, “Usos amorosos de las mujeres en le época medieval” de Teresa Vinyoles Vidal

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Teresa Vinyoles Vidal, Usos amorosos de las mujeres en la época medieval

Madrid, Catarata

240 páginas, 18 €

En Usos amorosos de las mujeres en la época medieval, la historiadora Teresa Vinyoles Vidal (Barcelona, 1942) nos presenta un exhaustivo estudio feminista cuyo fin es visibilizar y difundir las experiencias de las mujeres medievales en torno a la problemática del amor y los sentimientos. Para ello, combina todo tipo de documentos administrativos e históricos en los que, aunque oculta o indirecta, se encuentra una voz de mujer junto con obras literarias escritas por ambos sexos o de autoría desconocida.

De hecho, resulta sorprendente la cantidad de fuentes e información que la autora ha conseguido introducir en un volumen de tan sólo 240 páginas sin abrumar ni aburrir a la lectora, ya que Vinyoles Vidal escribe alejada de la pomposidad académica, con un lenguaje muy cercano y didáctico que evidencia sus deseos de dar a conocer la historia de las mujeres medievales. Una historia compuesta por usos, costumbres, normas, discursos y mitos que afecta a nuestra experiencia como mujeres del siglo xxi, a pesar del aparente abismo temporal que nos separa.

Tendemos a pensar que la Edad Media fue una época oscura, extremadamente restrictiva para las mujeres. Sin embargo, «los siglos xi, xii y xiii fueron los más favorables para la libertad femenina»: trovadoras como Na Castelloza o Clara de Anduza cantaban a un amor gratuito y libre que sólo podía existir fuera de las normas sociales; nobles como Leonor de Aquitania o Arsenda, esposa de Arnau Mir de Tost, gobernaron sus haciendas durante la ausencia de sus maridos; sanadoras como Trota de Salerno o Jacoba Félicé mantuvieron el sistema de salud medieval; etc. «Después habrá un claro retroceso» debido al incremento de la influencia de la religión católica y al renacimiento de la filosofía aristotélica y del derecho romano. Entonces, la mujer pasó de ser considerada una «compañera» a una «servidora», de una «ayuda» a una «carga» por la que un hombre debía ser recompensado a la hora de tomarla en matrimonio. La violencia contra la mujer comenzó a legitimarse en el siglo xiv, siendo no sólo un derecho, sino un deber del marido el castigar físicamente a su mujer para evitar que se saliese del camino recto. Asimismo, «las mujeres fueron apartadas de las prácticas de la medicina legal» porque «la relación de las mujeres con los partos, la alimentación, la atención a los enfermos y la mortaja» les otorgaba «unos saberes sobre el cuerpo, la salud y el amor; sobre el mundo visible e invisible; sobre la vida y la muerte» que prefirieron demonizar por miedo al poder que les confería. Sin duda, tras la lectura de este libro, la lectora podrá preguntarse, entre otras cuestiones: ¿Cómo sería nuestra sociedad si hubiésemos actualizado los textos hipocráticos y rechazado el tabú bíblico y misógino sobre menstruación si hubiésemos atendido a Hildegarda de Bingen, quien se apartaba de la teoría médica de los humores y escribía que «la sangre que mancha es la sangre de la guerra, no la sangre de la menstruación»? ¿Qué podemos esperar de nuestra sociedad si aún a día de hoy sigue impartiéndose derecho romano en las facultades universitarias? ¿Cómo hubiesen influido las prácticas religiosas de Guillerma de Bohemia en el dogma católico si no hubiesen sido censuradas?

El único «pero» del libro parece encontrarse en las primeras páginas cuando la autora trata de justificar la introducción en su estudio sobre los sentimientos el tema de los cuidados argumentando que se trata de un «trabajo emocional», «un trabajo servil prácticamente hecho gratis y con amor». Tradicionalmente, se ha convencido a la mujer de permanecer encerrada en el ámbito doméstico para hacerse cargo de los cuidados de la familia y el hogar mediante la alusión a su naturaleza sensible y amatoria. Shoulamith Firestone denomina este trabajo como «el potencial operativo», ya que resulta fundamental para que, posteriormente, se desarrolle la participación en la actividad pública. Aunque las mujeres de la Edad Media no fueran conscientes de ello, no tenían por qué llevar a cabo «con amor» este trabajo tan menospreciado y, en ocasiones, poco gratificante. Ciertamente, puede tratarse de una práctica ligada, de una forma u otra, a los sentimientos, pero la justificación de Vinyoles Vidal no contribuye a la conceptualización feminista, más bien, confunde y perjudica.

Sea como sea, nos encontramos ante una obra fundamental para la comprensión completa de la historia medieval y, por tanto, del origen de muchas de las opresiones, discriminaciones y violencias que aún sufrimos las mujeres en la actualidad. Aporta abundantes nombres a la genealogía feminista, rescribiendo el relato  Además, demuestra que «las mujeres eran conscientes del trato desigual que se les daba, de la injusticia que se les hacía». Debido a la carencia de reivindicaciones concretas en torno a un corpus teórico, no podemos hablar de feminismo en la Edad Media, pero siempre podremos rastrear a lo largo de la historia una conciencia prefeminista en aquellos testimonios en los que una mujer o un colectivo de mujeres hayan expresado una queja amarga por el destino injusto que la sociedad les reservaba por el simple hecho de ser mujeres.

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