Pensamiento suicida en las “Noches lúgubres”, de José Cadalso

por | Jun 14, 2019

Pensamiento suicida en las “Noches lúgubres”, de José Cadalso

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La obra se desarrolla en tres noches distintas en las que el protagonista, Tediato, trata de desenterrar a su amada con la ayuda de un sepulturero, para luego, estando con ella, prender fuego a su casa. En la primera noche, cuando están a punto de lograrlo empieza a salir el sol y deben parar. En la segunda, lo confunden con un asesino y lo encarcelan; se topa con el hijo de Lorenzo y conoce las desgracias de la vida de su amigo. Y en la última noche, se ve cómo se marchan para proseguir su cometido.

Ninguno de sus deseos puede llevarse a cabo porque noche tras noche son interrumpidos, y eso lo acaba sumiendo en un negativismo vital (Monder, 2007). Quizá, podría considerarse que el motivo por el que no logra realizar sus propósitos guarda una estrecha relación con los nombres de nuestros personajes. Por una parte, Tediato viene del latín tedium y según la RAE “tedio” significa: “Fuerte rechazo o desagrado que se siente por algo”; por lo que nos anticipa su hastío hacia la sociedad y hacia la vida misma. Por otra parte está Lorenzo, nombre que popularmente se le aplica al sol, y como bien sabemos, con el sol hay luz y las luces representan la razón; esto lo podemos enlazar a que precisamente espera a que sea de noche para despojarse de ese raciocinio diurno que caracteriza a esta sociedad. De esta manera, el fracaso de sus deseos se estaría debiendo a que incluso cuando escapa del avasallador poder de la razón, sigue estando pegada a él como si se tratara de una sombra parasitaria de la que no puede librarse, hasta el punto de tener cierta dependencia hacia ella “Lorenzo no viene. ¿Vendrá, acaso? ¡Cobarde!” (Cadalso, 1789-1790, 1ª Noche); en la trama de la obra esta dependencia se evidenciaría en la necesidad de que esté el sepulturero para que la historia avance y para poder cumplir sus deseos.

Continuando con el simbolismo que marcan los elementos de la luz y el día antepuestos al de la oscuridad y la noche, como ya se ha dicho en el párrafo anterior, durante el día gobierna la razón, y al caer la noche que es cuando aparecen la locura y los horrores, es el momento en el que nuestro protagonista encuentra sosiego a sus males. Por ello, aunque es en la oscuridad en la que surgen los horrores, sería erróneo pensar que lo lóbrego es el horror. Lo que causa ese miedo es precisamente aquello que se entrevé a través de esa oscuridad, en los “destellos de luz”. Estos destellos actúan del mismo modo que los relámpagos, y un ejemplo de este “relámpago” es cuando levantan instantáneamente la losa de la tumba, puesto que, aunque no llegan a ver el cadáver, lo que su mente imagina de lo poco que ven es lo que les produce pavor (Monder, 2007). Orientado esto a la dimensión del suicidio, encontramos que, socialmente, problemas como la depresión o los pensamientos suicidas provocan un fuerte rechazo porque son esa especie de relámpago de lo que puede llegar a pasar.

Se establece un paralelismo entre la cárcel y el cementerio tal y como podemos apreciar en: “Sepulcro de vivos, morada de horror, triste descanso en el camino del suplicio, depósito de malhechores, abre tus puertas; recibe a este infeliz.” (Cadalso, 1789-1790, 2ª Noche). Asimismo, en este paralelismo se dan (simbólicamente) dos resurrecciones, la primera cuando se desmaya en un sepulcro y es ayudado por unos religiosos, y la segunda ocurre cuando lo encierran en la cárcel (Monder, 2007). Para el intento de dar una interpretación a estas resurrecciones, resultaría conveniente que previamente se tenga en cuenta que la mayoría de pensamientos y actos suicidas suceden en las noches. Dicho esto, podríamos estar ante dos metafóricos microsuicidios, que quizá estarían revelando que Tediato se encuentra próximo a alcanzar esa definitiva y ansiada muerte, y a la vez, el hecho de no llegar a ella supondría que se halla en un bucle mental que repite una y otra vez la misma secuencia, asemejándose de nuevo a aquellas personas envueltas en pesimismo que tienden a “autocastigarse” reviviendo reiteradamente los recuerdos negativos.

Esto, da pie a que analicemos más profundamente al protagonista, por ejemplo, los diálogos que mantienen los personajes con Tediato, son más bien un soliloquio puesto que le sirven de pretexto para reflejar su estado de ensimismamiento, ya que solo capta del exterior aquello que le impulsa a seguir con sus cavilaciones internas. Su elevado ensimismamiento lo conduce a una desconexión con la realidad y una vez aislado de ella, pierde el interés por cuidar su imagen, y por tanto, el amor propio; acentuándose así la dejadez, el negativismo y aquellos otros aspectos que tienden a instalarse y desarrollarse en las personas con mentalidad suicida.

Tal y como muestra la cita “Un cuerpo tan débil como el nuestro, agitado por tantos humores” (Cadalso, 1789-1790, 1ª Noche) resulta relevante la presencia de los humores, ya que hacen referencia a la teoría de los humores de Hipócrates, en la que se llegan a identificar cuatro: bilis negra, bilis amarilla, sangre y flema, a los que además, se les atribuían elementos y cualidades. Vamos a centrarnos exclusivamente en la bilis negra, dado que cuando existía una gran cantidad de esta sustancia, germinaba en esa persona una melancolía que los caracterizaba por desear la soledad y por rasgos ya mencionados como el ensimismamiento y la desconexión de lo que está aconteciendo en el entorno. Por ello, resultaría viable determinar que el principal humor que padece Tediato es la bilis negra.

Finalmente, podemos concluir con que en Tediato están presentes varias de las características que pueden reconocerse en las personas con mentalidad suicida. No obstante, no hay que perder de vista que se trata de un personaje estereotipado y que en la realidad resulta mucho más complejo identificar a estas personas por el mal estigma social que hay, motivo por el que tratan de ocultarlo llegando a pasar desapercibidos durante años, décadas o durante toda una vida, y porque también se les puede ver reír, sonreír o quedar con amistades pese a ese malestar interior.

Bibliografía:

Cadalso, José (1789-1790). Noches lúgubres, Edición digital de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
Monder, Samuel (2007): «La consumición del deseo. Acerca de las Noches lúgubres de José Cadalso». En Acta Literaria, nº 34, Universidad de Concepción.

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