El último camino
Durante mucho tiempo, y tras varios intentos por descubrir el misterio de su tío, a Juan la vida le había borrado la verdad como la lluvia borra las huellas del piso. Los recuerdos que aún persistían acerca de él eran historias manipuladas y engañosas.
Algunos aseguraban que era un libertario, un filósofo natural que vivía en las calles; un místico cuya estrategia de vida le había resultado próspera. Otros decían que era un hombre solitario, un artista ambulante que pintaba cuadros con materiales que recogía de las calles; su estilo pictórico era muy crudo y puramente dactilar, plasmaba movimientos desordenados y vibrantes en tono ocre terroso. Unas
cuantas de sus obras habían quedado en manos de algunos familiares.
