Un monólogo confesional poco sorprendente. “las brujas”, de Celso Castro

por | Sep 15, 2020

Un monólogo confesional poco sorprendente. “las brujas”, de Celso Castro

por

Celso Castro, las brujas

Destino, Barcelona

192 páginas, 18 euros

Inventar una historia con brujas y magia no es difícil si se sitúa en Galicia. En el imaginario popular abundan las leyendas y los mitos de esta región que incluyen a estas y otros muchos personajes. Es por eso por lo que Celso Castro (A Coruña, 1962) no duda en explotar esa faceta tan especial de su tierra. En su última publicación, las brujas (Destino, 2020) se invita a recorrer las calles de su ciudad natal asistiendo a la magia que, indudablemente, desprende el lugar.

Esta novela recoge las palabras de un joven que, en tres partes (“infancia”, “adolescencia”, y “redención”) relata a modo de confesión toda una historia de vida, de su vida. Esta forma de narración confunde al lector, que esperará con ansia el desvelo de la identidad de ese “tú” al que se refiere el discurso del protagonista que nunca llega. Este podría ser un punto de inflexión de la novela, que podría ser perfectamente capaz de crear una segunda línea de intriga a través de ese giro de guion revelador. Parece, por este motivo, un tanto gratuito y con búsqueda de una originalidad algo fácil el tono de transcripción que adquiere el relato, construido a base de las oraciones largas y la falta de pausas que caracteriza a la lengua hablada. De todas formas, se puede entender este recurso formal como una manera de asemejar el texto lo máximo posible a una rememoración de ciertos momentos nada fáciles para quien los comunica.

A pesar de esta desventura en el plano más formal de la obra, resulta necesario hacer hincapié en el ámbito sentimental de las brujas. Castro se ocupa de retratar en esta novela el amor de los solitarios, tan caracterizados por su odio y despreocupación hacia los demás. Este odio se traduce aquí en una relación amorosa inevitable. El dolor se presenta como elemento de unión entre dos personas que desde el principio parecen condenadas a un final en consonancia. Este último aspecto, sin embargo, no enturbia la imagen de retrato de perdedores latente a lo largo de toda la obra. Castro no desaprovecha la oportunidad de introducir finísimas trazas de humor. Esto no lo obliga a renunciar a las reflexiones profundas que rompen con la monotonía confesionaria del personaje principal: “dicen que la luz de las estrellas tarda tanto en alcanzarnos que probablemente alguna no esté ahí cuando la veamos. también dicen que las extremidades amputadas continúan doliendo durante mucho tiempo. esa sensación persiste para mostrarte lo absurdo de nuestra existencia, que vivimos en los vapores de una fantasía, en una enmascaración constante.”

las brujas trata de ser una obra original, rompedora. Castro se centra en reunir elementos que lo alejen de la literatura más tradicional. De ahí que nos encontremos una novela en forma de monólogo confesionario, sin mayúsculas, con oraciones extremadamente largas, y en la que aparecen unos personajes tan oscuros y difíciles de calificar como las brujas. Lo consigue a duras penas, olvidando ciertos caminos que –a pesar de ser más convencionales– hubieran convertido esta obra en una mucho más interesante.

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