“Once Upon a Time in Hollywood”. Un cuento de hadas para los violentos

por | Sep 19, 2019

“Once Upon a Time in Hollywood”. Un cuento de hadas para los violentos

por

Once Upon a Time in Hollywood

Quentin Taratino

Reparto: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie

Duración: 165 minutos

Hollywood es un símbolo que evoca significados diversos. Lejos de un barrio, es probable que lo primero que pensemos al leer ese nombre sea en cine: desde clásicos del séptimo arte hasta producciones millonarias, creadas con una lógica estrictamente capitalista. No solo, esta idea del cine evoca una noción general del mundo que rodea la producción de películas. Las historias, más o menos tópicas, sobran: actores y actrices novatos que aspiran a la fama; estrellas de moda que piensan en próximos proyectos y se dan la buena vida; leyendas de la industria, que intentan revivir sus años dorados o simplemente viven del éxito que cultivaron en su juventud. Por supuesto, no puede faltar el ciudadano de a pie, el fanático que se deleita frente a este espectáculo, el que no lo entiende o lo desprecia, el que simplemente intenta sobrevivir. Este es el mundo que Quentin Tarantino (Tennesse, 1963) trae a la vida en Once Upon a Time in Hollywood. Y no extraña, pues pocos directores encarnan de forma tan clara, con todas sus contradicciones, el universo semántico que existe en torno a la meca del cine norteamericano.

Pero no hay nada de ingenuo en la evocación suscitada por el noveno filme del americano. A pesar de la nostalgia, reflejo, probablemente, de la añoranza del propio autor, nada está más presente en las casi dos horas de rodaje que la artificialidad. Una artificialidad, eso sí, completamente autoconsciente, lúdica e, incluso, crítica —o, por lo menos, con una carga irónica palpable—. La película no solo se deleita con una romantización de la industria cinematográfica americana y con el mito que la rodea. Al mismo tiempo, la lleva al extremo en que, por su carácter hiperbólico, interpela al espectador. No es ingenuo que los protagonistas sean una estrella de cine en decadencia, Rick Dalton (Leonardo Dicaprio), y su doble de acción, Cliff Booth (Brad Pitt). Ellos son dos rostros de un mismo mundo, uno aparentemente glamuroso y otro, cuando menos, turbio —aunque muy atractivo—. La dinámica central de la historia se encuentra en la compleja dependencia que vincula estas dos caras del cine americano —su estética superficial y su sórdido lado oculto—. Estos personajes conviven con ficcionalizaciones paródicas de figuras bien conocidas del cine americano de los sesenta. La más importante es Sharon Tate (Margot Robbie). Por un lado, su presencia es la verdadera evocación nostálgica de un mundo que parece perdido. Por otro, el famoso asesinato a manos de la “familia” de Charles Manson predetermina al espectador desde los primeros minutos de la proyección.

Es evidente que, en esta ecuación, la violencia se deja sentir en todo momento. Esta es una de las constantes en el cine tarantinesco, tanto o más que su tema predilecto, la venganza. No han faltado las críticas a sus filmes y a las escenas violentas que, para algunos, pueden resultar innecesarias o simplemente repulsivas. Esta historia, con sus protagonistas, parece querer subrayar lo artificioso de dicho aspecto del cine americano. Simultáneamente, sin embargo, reconoce que, más allá del set de grabación, existe una realidad verdaderamente violenta —la “familia” de Charles Manson, la posibilidad, nunca confirmada, de que uno de los personajes haya asesinado a su mujer, etc.— que convive y dialoga con las ficciones construidas a través de la cámara. Como se dijo arriba, la película es consciente de sus paradojas y busca reflexionar en torno a ellas, siempre, como es usual en la obra de Tarantino, a través de la ironía.

Frente a esto, resulta peculiar que, al compararla con, por ejemplo, Kill Bill, la nueva producción no esté tan saturada de violencia. En cambio, las escenas más difíciles de tragar se guardan para un punto concreto de la película —que no se puede discutir sin arruinar la historia a quién no la haya visto—. Aun así, la violencia es latente y, por esto, abrumadora. Cuando finalmente aparece en pantalla, tensa las contradicciones que definen la modulación irónica hasta un punto complejo, frente al cual resulta inevitable preguntar cómo se justifica la violencia en esta o cualquier película. Por momentos, la película parece querer dar un sentido cómico en los momentos más violentos y esto choca con la crudeza de ciertas tomas. Pero la incomodidad que suscita es también un punto de reflexión, intencional o no, sobre todo al considerar que el cine de Tarantino se ubica en un límite en el que no siempre es sencillo precisar dónde acaba la ironía y dónde inicia la fetichización. 

Once Upon a Time in Hollywood es un irónico cuento de hadas, la representación autoparódica de una industria que idealiza la violencia y fantasea con alterar la realidad hasta el punto de hacerla irreconocible. Es aquí donde el discurso crítico adquiere potencia: obliga al espectador a preguntar si una deformación tan grande de lo real está justificada por el deseo de construir un final feliz hecho en Hollywood. Aquí, el filme no hace concesiones. Es en esto, y en la calidad narrativa y cinematográfica que Tarantino ya ha demostrado en sus ocho películas previas, donde reside la efectividad de esta historia.

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