Una comedia romántica paradójica. “El fantasma y la señora Muir”, de R. A. Dick
R. A. Dick, El fantasma y la señora Muir
Traducción de Alicia Frieyro
Madrid, Impedimenta
215 páginas, 20 euros
Por un lado, El fantasma y la señora Muir, de R. A. Dick (cuyo nombre real era Josephine Leslie, nacida en Wexford, en 1898), es una comedia romántica. La protagonista, una joven viuda, se muda a una nueva casa, en el pueblo de Whitecliff. Gull Cottage, nombre del lugar, está embrujada por el fantasma del capitán Daniel Gregg, dueño original. Entre la mujer y el espectro se construirá una improbable e incluso imposible relación: tras años compartiendo el día a día, con su altos y bajos, desarrollarán un amor platónico, seudo metafísico, alejado de las convenciones sociales, que difícilmente entenderían el romance entre un difunto y una mujer viva. Por otro lado, la novela es un retrato de la vida que llevaban las mujeres tras la II Guerra Mundial, las dificultades que experimentaban, la forma en que se las discriminaba y oprimía, la manera en que sus existencias estaban determinadas por las expectativas sociales e ideológicas del mundo. Lucy Muir es menuda, se advierte en la primera línea del libro, razón por la que todos la subestiman y la tratan condescendientemente. Su esposo decidió qué vida llevaría, sus cuñadas quieren controlarla, los hombres no la creen capaz de ser autosuficiente. En este contexto, el personaje central realiza un viaje de superación: su decisión de mudarse a Whitecliff se sustenta sobre la voluntad férrea de retomar el control y si vive con el fantasma es porque, a pesar de su apariencia menuda, no se deja asustar.
La ironía es el punto fuerte de esta novela. La premisa es, para empezar, una subversión de las expectativas que produce una historia de fantasmas: la señora Muir, en lugar de asustarse y huir de Gull Cottage, se queda con el espectro y, en vez de pelearse con el difunto capitán Gregg, establece un acuerdo con él. Esta situación paradójica, en la que se funda el humor de la narración, se lleva al extremo en la medida en que ambos personajes desarrollan una relación amorosa. La ironía se extiende a lo largo de la historia, impregnando a cada uno de los personajes. Se vuelven caricaturas de su época, retratos un tanto hiperbólicos: la cuñada solterona, demasiado rígida, que descarga su frustración en Lucy; el esposo aburrido que casi condena a su mujer a una aburridísima vida de ama de casa; el cascarrabias capitán cuya mayor frustración, en el más allá, es que crean que se suicidó cuando, en realidad, murió en un absurdo accidente hogareño; el romántico profesor que desea conquistar a la protagonista y que resulta ser un fraude y un mujeriego. Esto no resta profundidad a los personajes, cuyas contradicciones y virtudes no dejan de ser muy humanas. Por supuesto, el ejemplo más claro es la misma señora Muir, quien, tras su apariencia menuda, esconde una voluntad potente que no se deja apabullar.
El fantasma y la señora Muir es una novela profundamente tierna, que apela a la empatía del lector. Ambos rostros de la historia, la comedia romántica de corte no-mimético y el retrato de la sociedad tras la II Guerra Mundial, se encuentran en este punto: en la idea de que la mujer está obligada a forzar su lugar en el mundo, debido a que quienes la rodean quieren oprimirla, y en el principio de que el amor, incluso si es entre una viva y un fantasma, se funda en la igualdad. Dicho de otro modo, si el romance paradójico entre el capitán y Lucy funciona es porque ella no se deja suprimir y porque él, a pesar de ser obstinado, la reconoce y la respeta. Esto, por tópico que pueda sonar, no deja de tener fuerza al ponerlo en contexto (el libro de Dick se publicó en 1947) y sigue teniendo, a pesar de los años que han pasado, una vigencia evidente. Más importante, la maestría de la escritora se revela en cómo esta anécdota, que podría sonar trillada hoy en día, especialmente cuando es reducida a su formulación simple (como acabo de hacer), mantiene su frescura y es capaz de arrancar al lector más de una sonrisa.
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Javier Ignacio Alarcón, es doctor en Estudios Lingüísticos, Literarios y Teatrales de la Universidad de Alcalá, licenciado en Filosofía y Magister en Literatura Comparada. Ha sido profesor de Filosofía, Literatura y Pensamiento político. Ha publicado en revistas y libros especializados en literatura, así como en distintas publicaciones sobre política y cultura. Es autor del libro de teoría literaria "¿Quién escribe? La autoficción especular en la literatura venezolana" (Peter Lang, 2020) y de las novelas "La isla de la fama efímera" (Tandaia, 2018) y "声 El blues de Ogawa" (Editorial Nazarí, 2022). Si tuviera tiempo libre, lo invertiría en aprender japonés.

