El feminismo es libertad, “Siempre han hablado por nosotras”, de Najat El Hachmi.

por | Oct 8, 2019

El feminismo es libertad, “Siempre han hablado por nosotras”, de Najat El Hachmi.

por

Najat El Hachmi, Siempre han hablado por nosotras

Traducción de Ana Ciurans Ferrándiz

Barcelona, Destino

136 páginas, 12.90 euros

Najat El Hachmi (Marruecos, 1979), con Siempre han hablado de nosotras, aporta al panorama feminista actual una visión que escapa de lo políticamente correcto al hablarnos en primera persona de la opresión que ha ejercido sobre ella el islam como sistema patriarcal. Para la autora, ser educada bajo cualquier credo y cultura es sinónimo de estar absorbiendo unos dogmas que ponen en tela de juicio la supuesta libertad bajo la que tomamos nuestras decisiones.

Najat define muy bien al comienzo de este libro lo que es el feminismo. Es feminismo es la libertad para las mujeres, para que seamos individuos independientes, para deshacernos de esa otredad que nos acecha desde las estructuras sociales y religiosas más arcaicas hasta las más actuales. Para ella, la libertad que enarbolamos cuando tomamos ciertas decisiones debe ser revisada con lupa pues, como nos hacer ver durante todo el libro, todo nuestro pensamiento y nuestras acciones están condicionadas por un sistema patriarcal que se ha adaptado a los nuevos tiempos.

Utiliza a lo largo de todo el ensayo pequeñas anécdotas personales que, sumadas a una narración en primera persona, hace que empaticemos y, por lo tanto, entendamos con mayor facilidad su rechazo al islam y a todo movimiento que lo defienda.

Habla reiteradamente de una cortina que aparece en una de sus primeras anécdotas y que servía para separar el mundo masculino del mundo femenino. Para la autora esta cortina es un símbolo de toda la opresión que sufren las mujeres debido al patriarcado, al islam, y toma diferentes formas; desde las palabras de un imán en la primera mezquita que se construyó en Madrid, hasta el pañuelo tan característico que recubre la cabeza de cantidad de mujeres musulmanas. Este pañuelo, explica Najat, es una barrera física entre los hombres y las mujeres, ¿por qué solo es imperativo que lo usen las mujeres? Mientras ellas tienen que taparse, como si estuvieran avergonzadas de su propio cuerpo, ellos gozan de libertad.

Cuestiona las decisiones que toman, actualmente, algunas jóvenes feministas a la hora de proclamarse militantes dentro del feminismo islámico y abanderar ese pañuelo, esa cortina, como símbolo revolucionario. El machismo que reina dentro de la religión islámica está resurgiendo de maneras muy diferentes a las que Najat pudo haber contemplado en su lugar de origen, según cuenta, se han adaptado a una supuesta modernidad y han llegado a hacerse hueco dentro del propio feminismo.

La autora hace énfasis en que el islamismo ha sido impulsado por unas fuerzas políticas que se han valido de la lucha contra el racismo y la xenofobia para impedir que se tache de machista la religión islámica y a todo el que la profese, y se ha sabido beneficiar de la crisis de identidad que surgió poco a poco en las personas como consecuencia de un mundo cada vez más masificado.

Gracias a la capacidad camaleónica del discurso islámico y a una población que quiso ver en la religión una manera de distinguirse de los demás, y a un deseo general de preservar lo diferente, de inclusión e interseccionalidad, muchas feministas están abrazando la opresión machista que impera en el islam y la divulgan como un nuevo feminismo, feminismo decolonial, feminismo islámico

Najat El Hachmi destaca que la mujer blanca occidental se ha convertido en el enemigo principal dentro del feminismo decolonial, dejando en una segunda posición al propio machismo. La autora reitera que, para ella, el objetivo debería ser que los derechos que ganaron lleguen a todas las mujeres sea cual sea su procedencia, y que las mujeres blancas no deberían sentirse reticentes a expresar su opinión sobre el islam, el uso del pañuelo o tantos otros temas, por más que no hayan vivido esas experiencias.

Para Najat, el feminismo debería tener un único objetivo: acabar con el patriarcado y todo sistema que oprima física o psicológicamente a la mujer dejándola subyugada al hombre. El machismo al que se ven sometidas las mujeres tome la forma, el idioma, la religión o el accesorio que tome es algo que todas las feministas deberían denunciar, sea cual sea su origen o su cultura.

¿Te ha gustado el artículo? Puedes ayudarnos a hacer crecer la revista compartiéndolo en redes sociales.

También puedes suscribirte para que te avisemos de los nuevos artículos publicados.