“El novio chino” o la novísima China

por | Jul 26, 2019

“El novio chino” o la novísima China

por

El novio chino

María Tena

Fundación José Manuel Lara

256 páginas, 19’00 €

A fin de alejarse momentáneamente de sus deudas y problemas personales, Bruno, entrado en años, oriundo de Ronda, veterano en relaciones públicas, tras fracasar en un negocio en Sevilla, se embarca en un vuelo para Shanghái, donde le espera el empleo de jefe de protocolo del pabellón de España durante la Exposición Universal de 2010.

Por su parte, el joven chino Wen, que se hace llamar “John”, aspira a otro cambio mayor en la vida. Para ello, se fuga en tren desde su aldea de la provincia de Henan, dejando atrás un casamiento concertado, un padre alcohólico y violento, un pasado de hijo único preso de las tradiciones de una China rural profunda. En especial, huye de la pobreza, que ha marcado la vida de sus antepasados y también la suya hasta la edad de los treinta y dos años, momento en que arranca la novela.

Los dos personajes se conocen en Shanghái, en un club gay. El extranjero busca compañía nocturna y Wen ha decidido recurrir a la prostitución al haberse quedado sin papeles. De esta forma, comienza entre los dos una relación tortuosa, marcada tanto por la gran brecha cultural entre los amantes como por la fugacidad de los noventa días que dura el programa de la exposición Universal. Pese a ello, la relación entre Bruno y John no tarda en transformarse en amor.

Es la historia de dos pequeños personajes que se encuentran e intentan amarse durante un gran acontecimiento, cuya tela de fondo es la encrucijada de dos culturas e idiosincrasias que arrastran, cada una, su encanto y miseria. Las partes esenciales de la novela discurren en paralelo al desarrollo de la Exposición Universal, interrumpiéndose la trama con breves capítulos de analepsis donde se cuentan las experiencias pasadas de John y de Bruno. La genuina metáfora expo-pareja se sirve en bandeja cuando lo feliz y lo estable de una pareja se enuncia acompañada de frases como:

Y al día siguiente, en cuanto sale el sol, entran las maquinas a demoler el sueño. En un par de horas la fiesta es un montón de escombros.

La mayor peripecia para la trama romántica ocurre con la desaparición de John, tras sentirse herido moralmente por los reproches de Bruno sobre su manera de comer, seguida de la irrupción en esta relación amorosa de Wei, un poderoso funcionario chino. De ahí, se bifurca la línea argumental e intervendrán más personajes chinos que ofrecen al lector una visión de las capas más profundas de la sociedad china, un mundo con su propia moral y sus propias normas de actuar. El chico John abandonará pronto su papel de Cio-cio San o Madame Crisantemo para cobrar autonomía social, lo cual causará un giro sorprendente de la trama y mantendrá la chispa narrativa de la novela hasta desembocar en un final frío y elegante.

María Tena escribe con su habitual sencillez, basada en un lenguaje claro que sabe vestir la piel de sus protagonistas y una voz flexible que aviva la acción al tiempo que revela los pensamientos de sus protagonistas. El oportuno uso del estilo indirecto libre se combina con una escritura detallista en descripciones sensoriales. Mientras, los topónimos y los nombres de lugares de interés, los usos y las costumbres locales, y hasta los nombres propios de establecimientos, parecen sacados de una guía selecta de Shanghái para europeos nostálgicos. Son todos estos factores que, sin duda, contribuyen a la lectura fluida y placentera de esta novela.

La trama esencialmente romántica se desarrolla en los años posteriores a los Juegos Olímpicos de Pekín, en el preciso momento en que China toma el relevo de Japón como segunda economía del mundo y en que la Exposición Universal de 2010 convierte a Shanghái de nuevo en el centro de atención mundial, en un contexto de expansión económica y de celebración de la riqueza. La novela se encarga de subrayar este contexto en frases como:

Aquí el perfil metálico del futuro convive con los harapos del pasado.

Sus grietas, sus colores apagados, conservan la belleza de esas ancianas que, a pesar de las arrugas, mantienen la elegancia de cultivar lo perdido. Y otra vez le chocan los grandes rascacielos que se ven a lo lejos. El buen gusto decrépito de una minoría, frente a la fuerza de los nuevos ricos.

Shanghái, la perla de Oriente, siempre fue un lugar de pecado.

Los contrastes que observa y los recelos que siente un extranjero en tierra extraña se mezclan con los lugares comunes y estereotipos de una China inmemorial, la cara aún misteriosa que contempla la Europa desde la era colonial. No obstante, gran parte de este exotismo de la China del siglo XXI y de la ferocidad de una sociedad en plena expansión económica puede causar igualmente impacto y extrañeza a sus propios ciudadanos, como es el caso de John en la novela.

Al cerrar el libro, el lector retendrá, además de una simpatía inevitable hacia sus dos protagonistas tan humanamente definidos y unos deseos de pasear en algunas partes de la llamada “Perla del Oriente”, una visión sobre un país que pugna por salir de su rancio rincón para encontrar un nuevo camino hacia el futuro. La evolución del personaje de John y su vertiginoso ascenso social amparado por un tejemaneje de intereses tanto más verosímiles al producirse en un contexto que pivota en un doble eje de juegos de máscaras y de modernidad líquida.

Esta obra, ganadora del premio Málaga 2016, se suma a otros importantes galardones que recibe la autora madrileña en este género narrativo: quedó finalista del premio Herralde de Novela 2002 con Tenemos que vernos; ganó el premio de Primavera de Novela 2010 con La fragilidad de las panteras (Espasa, 2010); y, más recientemente, Nada que no sepas (2018) fue laureada por los editores de Tusquets.

En algunas de sus obras anteriores, la autora explica mediante notas finales la fuente de creación y las personas que han aportado algo durante su proceso. Esta vez lo ha hecho mediante una dedicatoria, “A Carlos Telmo”. La novela reseñada se inspira en este artista rondeño y conocido gestor cultural, quien en 2010 trabajó en la Exposición Universal de Shanghái, como jefe de protocolo, al igual que el protagonista español de la novela.

Si bien todo parece apuntar a que la homosexualidad de los protagonistas supone un homenaje a la persona prototipo en que se basa el personaje de Bruno, el planteamiento de un amor entre dos personas del mismo sexo proporciona una lectura desprovista de la tensión sexista que presentaría un personaje/sexo preconcebidamente débil y evita, así, que la trama se entretenga en las vicisitudes sociales y en las connotaciones culturales propias de la condición de la mujer china contemporánea. De esta manera, también se abre la posibilidad de leer la novela como una crítica política donde el “yo occidente” y el “otro oriente” luchan por su supervivencia en el mundo. El cambio de rol entre maestro-alumno y el “triunfo” final de un chino que se encuentra inicialmente en posición subalterna, al tiempo que replica el lugar de occidente y oriente en la hegemonía mundial, invitaría a reflexiones más transcendentales a las que seguramente no aspira este simpático libro de fácil lectura y que sin duda proporcionará un rato agradable en plena canícula estival.

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