En el blues, menos es más. “Ma’ Rainey’s Black Botton”

por Ene 25, 2021

En el blues, menos es más. “Ma’ Rainey’s Black Botton”

por

Ma’ Rainey’s Black Bottom

Director: George C. Wolfe

Reparto: Vila Davis, Chadwick Boseman, Colman Domingo, Glynn Turman

Un tema musical tiene ciertos elementos claves: armonía, ritmo, melodía y, si es el caso, las palabras que canta la encargada de dar voz. Por supuesto, esta es una posición reduccionista. La música trasciende los aspectos concretos, mesurables, para explorar espacios que no serían accesibles de otra manera. Dicho de otro modo, el arte, si es bueno, posee algo impreciso, una cualidad indefinible que le da su verdadera fuerza. Existen muchas palabras para referir estos elementos inaprehensibles: el sentimiento o feeling, el alma, etc. Hay, además, otra dimensión que se debe considerar: una canción es un producto de la cultura y, como tal, es un cruce de discursos ideológicos, de contextos y tensiones sociales, de las intenciones y búsquedas que los individuos, los músicos, en este caso, no siempre expresan abiertamente, ni en la melodía ni en las líricas. Cuando llega a nuestros oídos, un tema musical es una totalidad inabarcable que sintetiza un momento en la historia, lo que traduce en una unidad de significado que no se agota con el paso de los años. El “‘Ma’ Rainey’s Black Botton”, con sus casi cien años, es un excelente ejemplo para confrontar esta idea. No solo por la frescura que mantiene este blues, también por el arte que ha inspirado: la obra homónima de August Wilsom, de 1982, y la reciente película dirigida por George C. Wolfe, basada en el texto del dramaturgo, y producida, entre otros, por Denzel Washington.

La anécdota recogida en los noventa y cuatro minutos de cinta es relativamente simple. Aprovechándose de la oscuridad que rodea los orígenes del género, el filme ficcionaliza en torno a la sesión de estudio en la que se grabó, en el Chicago de 1927, el famoso tema de la llamada madre del blues. Se reúnen productores blancos y músicos negros para crear un disco que será, nadie parece dudarlo, un éxito. Las tensiones que surgen no son exclusivamente raciales (aunque, por su puesto, estas no están ausentes). Se exploran los conflictos entre los músicos. Resulta de especial importancia, en este sentido, el choque entre Levee Green (Chadwick Boseman), un joven, ambicioso y talentoso trompetista, y sus compañeros de banda, tres veteranos que se limitan a hacer su trabajo y a complacer a sus jefes. Asimismo, desde el inicio se subraya la compleja relación entre el joven músico y la líder de la banda, la famosa Ma Rainy (Viola Davis), que nota cómo el solista desea mayor protagonismo en el escenario. Sobra decir la importancia de las actuaciones de Davis y el recientemente fallecido Boseman, que encarnan a los personajes con sus contradicciones y complejidades, dando profundidad a la historia.

A estos conflictos entre los músicos subyacen las tensiones raciales. Por un lado, los dos productores blancos usan a los bluesistas a su antojo. En este sentido, la escena final del filme resulta especialmente potente para recordar cómo un género musical que hoy es una institución debe dicha universalidad, en buena medida, a la apropiación cultural y la explotación racial que ha definido la historia de los Estados Unidos. Por otro lado, es importante considerar cómo los músicos están marcados por la discriminación que sufren. Resalta, desde esta óptica, el posicionamiento de Toledo, el encargado de tocar el piano, cuya voz funciona como consciencia política en el filme. Sin embargo, son los protagonistas los más interesantes. La personalidad de la cantante se define por su historia: se ha forjado un lugar en una sociedad en la que sufre, a pesar de su éxito, una doble discriminación por ser mujer y por ser negra. Levee, aunque aparenta ser servil, también revelará la compleja historia que ha vivido y cómo se edifica el contradictorio lugar que ocupa en la banda, en el escenario y, en general, en la sociedad.

Las películas sobre músicos suelen sufrir de unos defectos comunes: la aplicación de una estructura repetida hasta el hartazgo frivoliza a los personajes, estandariza las historias, elimina los matices. ‘Ma’ Rainey’s Black Botton presenta una alternativa interesante: en lugar de explorar la vida entera del héroe musical, intentando mostrar los repetidos excesos de la fama y la tópica egolatría de estos personajes, se centra en un momento específico. Al hacerlo, abre un espacio de diálogo y confrontación entre los personajes y, también, hacia el espectador, que se ve interpelado por una película que, aunque “de época” y escrita hace casi cuarenta años, posee una vigencia preocupante. Hay una idea común en el blues, sobre todo en sus formas tradicionales: “menos es más”. En otras palabras, a veces, para expresar emociones complejas y transmitir esos elementos inaprensibles que comenté al iniciar, lo más efectivo es apelar a la sencillez (unos tres acordes, unas pocas notas, una voz potente). De forma análoga, el filme de Wolfe se limita a recoger a unos pocos personajes para representar la turbia sociedad americana de comienzos del siglo XX. Son estos personajes los que hablan al espectador y cuestionan un presente que no acaba de borrar los peores defectos del pasado.