Lo personal es político y viceversa. “Dueña de mi amor”, de Coral Herrera

por Nov 10, 2020

Lo personal es político y viceversa. “Dueña de mi amor”, de Coral Herrera

por

Coral Herrera, Dueña de mi amor

Madrid, Catarata

128 páginas, 15 €

Tras el éxito obtenido en su Laboratorio del Amor y con sus numerosas obras publicadas, Coral Herrera (Madrid, 1977) ha publicado en la editorial madrileña Catarata su último libro: Dueña de mi amor. Mujeres contra la gran estafa romántica, en el que reivindica la necesidad de una revolución amorosa que culmine los logros de la revolución sexual de los años sesenta y ayude a desmantelar el sistema patriarcal.

Herrera parte de la acertada premisa de que el amor romántico es el mecanismo de opresión patriarcal más efectivo, ya que determina el modo mediante el cual se relaciona el ser humano al poder crear, recrear y mantener un imaginario colectivo basado en la sumisión de la mujer y la violencia hacia ella. En palabras de la politóloga y teórica feminista Anna G. Jonnásdóttir, el amor romántico «es una especie de poder humano alienable y con potencia casual cuya organización social es la base del patriarcado occidental contemporáneo», por lo que puede ser considerado como «el baluarte de la opresión de las mujeres». Sin embargo, la prosa de Herrera es mucho más clara y sencilla, características necesarias para calar en el tejido social y competir contra la demagogia barata (que a las mujeres nos cuesta tan cara) de los opresores con el fin de conseguir vencer al sistema patriarcal erradicando la violencia machista y modificando el carácter de las relaciones sociales y afectivas.

Por ello, Herrera redacta su ensayo en un estilo muy cercano a la lectora media que prácticamente roza la naturalidad del discurso oral. Además, presenta sus reflexiones de forma acotada y evidente para no dejar dudas sobre las ideas que en cada momento desea transmitir. En este sentido, el acierto es doble: por un lado, consigue desvelar cuestiones esenciales del feminismo a las lectoras menos implicadas en el movimiento; y, por otro lado, la brevedad de la exposición de algunas de sus ideas invita a las más versadas en el tema a reflexionar e intentar buscar respuestas. De hecho, puede que esto último sea uno de los mayores puntos débiles del libro, ya que Herrera no concluye o aclara determinadas opiniones, lo que podría provocar confusión porque, en algunas ocasiones, puede resultar un tanto contradictoria. El mayor ejemplo de esto es su ataque a la monogamia.

Tradicionalmente, el matrimonio monógamo, junto con la represión sexual de la mujer y la obligación de los cuidados, ha sido un instrumento para someterla al hombre y al hogar que se ha adaptado a los tiempos y ha sido romantizado hasta el punto de convertirse en «el mito del amor exclusivo». No obstante, el camino para la liberación sexual y amorosa de la mujer no es el fraudulento poliamor neoliberal, al igual que la monogamia debe dejar de ser concebida como amar solamente a una persona por encima de las demás, para ser entendida como un vínculo de respeto y apoyo mutuo en la que los engaños amorosos no son traiciones a la exclusividad sexual, sino a la confianza depositada en la otra persona porque actuar a sus espaldas significa optar por el ocultamiento y la mentira, en lugar de la comunicación y la sinceridad.

Aclarado este punto, la contradicción que sufre Herrera en esta obra es, precisamente, atacar la monogamia sin tener esto en cuenta para argumentar la necesidad de crear relaciones basadas en redes de cuidado y empatía. Optando por una relación sana y sexualmente cerrada también se pueden crear dichas redes, pues existen numerosas formas de amar bien, todas ellas complementarias y no redundantes. Para que realmente el modelo social cambie y se consiga la igualdad, nuestras vidas deben dejar de orbitar alrededor de la actividad sexual. La prioridad de nuestras vidas ha de ser la empatía, no el número de personas que amemos.

Este libro no sólo va dirigido a las mujeres, también apela, en parte, a los hombres porque sin un cambio en su actitud, la lucha feminista no llegará a buen puerto. Por ello, resulta sorprendente que en el capítulo final defienda a capa y espada que «convertir a nuestros amados en amantes nos haría más libres, porque los hombres tendrían que aprender a cuidarse a sí mismos y serían más autónomos». Sin embargo, desde mi punto de vista, los hombres han de aprender a cuidarse por sí mismos como hombres, independientemente de si son amados, amantes, hijos, hermanos o padres. No basar nuestras vidas exclusivamente en el sexo ni en el amor; eliminar tanto la pobreza y el riesgo de exclusión de las mujeres, como el individualismo y el afán de posesión del ser humano e, insisto, que los hombres cambien su mentalidad y actitud, será lo que realmente erradique la violencia machista.

Sea como sea y a pesar de que en ocasiones roce el género de los libros de autoayuda, Dueña de mi amor, de Coral Herrera, es un buen ensayo que puede suponer para muchas mujeres un primer contacto con la teoría feminista que les ayude a liberarse y anime a involucrarse en el feminismo y a comprender que todos aquellos problemas personales que padecen no son únicos, pues «el sufrimiento y la felicidad son asuntos políticos y afectan también a nuestra economía: una sociedad deprimida, aislada, triste y sin esperanza no puede crear una ciudadanía feliz», por eso lo personal es político y lo político es personal.

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