“Gretel and Hansel”. El terror que nos une al pasado

por | Jun 16, 2020

“Gretel and Hansel”. El terror que nos une al pasado

por

Gretel and Hansel

Director: Oz Perkins

Reparto: Sophia Lillis, Samuel Leakey, Alice Krige

Duración: 87 minutos

Los cuentos de hadas tienen un efecto particular en nosotros. Son esas historias que todos conocemos, incluso si no sabemos cómo o cuándo las escuchamos por primera vez. Al mismo tiempo, son una tradición que recoge siglos de oralidad y que recuerda que el arte de narrar, más allá de sus formas modernas, es parte esencial de la cultura. Desde esta perspectiva, los cuentos de hadas son un hilo que enlaza el pasado con un presente que constantemente se cuestiona a sí mismo. No sorprende, por esto, que dichas historias sean constantemente reinterpretadas, ya sea de forma explícita o tácita. La cultura nunca deja de problematizar sus discursos y, en consecuencia, constantemente se (re)crea para producir nuevas formas. En el caso de Gretel and Hansel, de Oz Perkins, este mecanismo es explícito: el título es una referencia ineludible al relato clásico y, sin embargo, está alterado.

Si reducimos el filme a su estructura básica, la historia es casi la misma que la más conocida. Dos niños, Hansel y su hermana mayor, Gretel, tiene que irse de casa. Viven en un hogar pobre y su familia ya no puede proveer comida suficiente para todos. Extraviados en el bosque, encuentran la casa de una bruja. Es a partir de este punto que la relación de los personajes se altera y propone una nueva mirada sobre la historia original.

Llama la atención la perspectiva de género que el director da a la película. No es algo novedoso: también en otras de sus obras, como I Am The Pretty Thing That Lives in the House (2016), Oz Perkins se fijó en estas cuestiones. El enfoque, sin embargo, es muy diferente en el filme de 2020. Retoma una idea que ha formado parte de la cultura occidental durante siglos y reflexiona en torno a ella. La figura de la bruja, como representación de un “otro” que niega el orden racional, cobra fuerza. Aunque para los discursos apegados a la razón moderna esto puede tener un sentido negativo, actualmente podemos entender que esta visión peyorativa es una estrategia de represión heteropatriarcal y que las nociones asociadas a la magia pueden tener un valor reivindicativo en sí mismas.

Holda (Alice Krige), la bruja del bosque, encarna esta posibilidad. Antes que una entidad malévola, que quiere devorar a los niños por pura malicia, es un “otro” que representa la subversión de la mujer frente a un mundo que la reprime. De aquí que Gretel (Sophia Lillis) sea el primer nombre del título de la película. Ella es el centro de la historia, en tanto que su vida se ve afectada por las mismas restricciones que ha sufrido la bruja. Este argumento ha sido explorado en otros filmes recientes, como The Witch (2015). Es una aproximación paródica a la moral que se esconde detrás de las historias tradicionales sobre brujas. Por un lado, encontramos un discurso bien conocido: la hechicera se haya fuera del orden establecido y parece ser, por tanto, “mala”. Por otro, el desarrollo de la historia revela las estructuras de poder detrás de esa lógica y obliga a cuestionar su validez.

El terror —porque esta es, no se debe olvidar, una película de miedo— se encuentra en la posibilidad de quebrar el status quo. El mundo que Gretel conoce y que asume como cierto se ve interpelado por la existencia de la bruja. Más importante, se ve cuestionado por el vínculo que une a la joven con Holda. Para representar este complejo entramado y expresar el miedo que experimentan los protagonistas, Perkins construye una atmosfera envolvente y enrarecida. Se revela, así, la maestría de su dirección: cada toma es cuidada, no hay ningún movimiento fuera de lugar, todo en el discurso trabaja para recordarnos lo raro y lo espeluznante del mundo en el que viven Hansel y su hermana. Los elementos fantásticos, sus incongruencias e imposibilidades, definen este universo y trabajan para tensar al espectador, que se ve inmerso en la misma pesadilla que los personajes.

Por supuesto, el punto central se encuentra en la resolución del conflicto de la protagonista. La confrontación de Gretel con la bruja es, también, el reencuentro de la adolescente con un pasado que pesa sobre su espalda. Para la joven, reconocer esto significa aceptar que su existencia es más compleja de lo que pensaba. Las líneas morales que rigen su vida se hacen difusas, al punto de cuestionar la relación con su hermano. En este sentido, la película es una reflexión sobre los cuentos de hadas. Estas historias, sobre todo las versiones edulcoradas de Hollywood, suelen ocultar anécdotas turbias. Gretel and Hansel abre la posibilidad de confrontar el terror que nos une al pasado, y lo hace para interpelar nuestro presente.

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