“Merlí. Sapere Aude”. En busca de la filosofía

por | Ene 8, 2020

“Merlí. Sapere Aude”. En busca de la filosofía

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Merlí. Sapere Aude.

Creador: Héctor Lozano

Reparto: Carlos Cuevas, María Pujalte, David Solans

Episodios: 8 (50 min. aproximadamente c/u)

 

Casi cuatro años han pasado desde que Merlí llegara a nuestras vidas. Y digo ‘nuestras’ porque es un hecho que aquel viejo profesor de filosofía pasado de moda y con todas las de perder, robó a cada uno de sus espectadores un pedazo de corazón.

Teniendo el listón tan alto se esperaba mucho más de su spin off estrenado el pasado 5 de diciembre. Sin embargo, tras la visualización de sus ocho episodios, el sabor es agridulce.

El argumento es claro y predecible: Pol Rubio (Carlos Cuevas), personaje secundario en Merlí, pasa a convertirse en protagonista; algo que muchos fans de la aclamada serie esperaban. El alumno favorito durante bachillerato decide seguir los pasos de su mentor y comenzar a estudiar filosofía en la universidad. Y sin más, seguimos sus pasos durante los primeros meses del curso, al igual que sucedía con la temporada inicial de su predecesora.

Durante los 50 minutos aproximados que dura cada episodio puede observarse el mismo patrón seguido en las tres temporadas de Merlí; desde la figura del profesor de filosofía con problemas al que los alumnos divinizan, hasta la hipersexualización como centro de una trama que termina resultando inconsistente y repetitiva. La nueva creación de Héctor Lozano no deja indiferente a nadie, aunque, tal vez, no por su gran calidad de contenido.

A pesar de todo, pueden rescatarse la evolución de los personajes y la alusión continua al recuerdo de un Merlí que todos aprecian; y la incorporación de actores incipientes y veteranos, que suponen un equilibrio perfecto para el argumento.

Recuperamos personajes clave como Bruno o La Calduch, interpretados por David Solans y Ana María Barbany, respectivamente. Son el nexo entre el instituto y la universidad, entre la juventud y el paso a la vida adulta; y permiten ver a un Pol invisible para otros personajes.

La relación con La Bolaño (María Pujalte) es el verdadero motivo por el que el espectador espera, durante toda la temporada a que ocurra algo. La profesora de Ética, nueva e indiscutible favorita del público, encarna el tipo de profesor que todos han tenido alguna vez, odioso a la par que modélico.

Una temporada marcada, supuestamente, por una madurez que es complicado vislumbrar entre tanto desenfreno, más propio de la adolescencia que de la vida adulta.

Las peripecias de Pol y sus compañeros en la facultad de filosofía parecen no haber terminado aún, habiéndose confirmado ya una segunda parte. Una pena que el “espíritu peripatético” que tanto atrapó a jóvenes y adultos en sus inicios se vea enturbiado por una secuela que no está a la altura.

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