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Paisajes humanos de desolación postindustrial. “Ropa tendida”, de Óscar García Sierra

Óscar García Sierra: Ropa tendida

Barcelona, Anagrama

280 páginas. 18,90 euros

De entre las razones del interés que suscitó su primera novela, Facendera, en 2022, Óscar García Sierra (León, 1994) ha reincidido en algunas muy reconocibles en Ropa tendida: un mismo espacio, personajes ahogados en la incomunicación y, sobre todo, el interés por representar la tristeza junto con no escasas dosis de atracción por espacios que se tornan desiertos detenidos en el tiempo o laberintos a los que los individuos no encuentran la salida. Todo ello hace que la suya sea una voz muy reconocible entre los novelistas jóvenes en español: la voz de lo rural desacralizado y de la provincia, de los efectos de la desindustrialización sobre las vidas de las personas, de la inadaptación generacional, de las soluciones sintéticas y del nihilismo. Como consecuencia, las vidas que discurren por las páginas de Ropa tendida exudan un abatimiento que tiene causas concretas ―desorientación, violencia, incomunicación, frustración, rabia― y que, a su vez, las devuelve multiplicadas.

La primera parte de la novela la constituyen las historias, personaje a personaje, de los miembros de una familia compuesta por Isidorín y Milagros y sus hijos, Tamara Tatiana y Xairu. Los lazos entre ellos están rotos sin remedio. Sus interlocuciones se basan en el desafecto, el cansancio y el desengaño. Descubrimos que el fracaso es el común denominador que los ha llevado a ese punto. La segunda parte de la novela está vertebrada por la historia de la pareja de Xairu, la Juli ―siempre con artículo―, y la relación de destrucción y dependencia que, a la vez, los une y los separa. Xairu, cercano a los cuarenta, drogadicto y candidato a alcalde por un partido neofascista, después de una noche de excesos, ha andado buscando por León un fantasma, el de la Juli, cuya identidad en esta segunda parte adquiere contornos precisos.

La historia ocurre entre La Robla, Pola de Gordón y León: localidades, las primeras, afectadas por el declive de la minería y por la desindustrialización, que han derivado en falta de expectativas y migración hacia las capitales de provincia ―León y Valladolid―, que aquí se revelan falsas salidas. El autor reivindica a través de sus personajes la existencia de una cultura que se manifiesta en usos cotidianos y, sobre todo, a través de la lengua de los personajes, tan repudiada ―como tantas otras cosas― por Xairu. Su agresividad nace como respuesta instintiva a un vacío que es incapaz de llenar. Es el hueco que ha dejado la central térmica, cuya desaparición cerraba Facendera, y que está en el interior de los personajes como el polvo rojizo que siguió a su voladura. Están vacíos de horizontes y de identidad. Ese vacío se intenta llenar mediante líneas de fuga que llevan a los personajes a profundizar en la nada: las drogas y el odio (Xairu), las relaciones tóxicas de dependencia (la Juli), el abuso laboral y un imposible amor de madurez (Milagros), las carreras ciclistas y la prostitución (Isidorín), la escritura literaria condenada al fracaso (Tamara Tatiana).

En ese espacio desolado abundan barrios, bares, afters… cutres, pobres, estáticos y anacrónicos, que sirven como refugios para gentes sin futuro. Las dosis de perico y el mono subsiguiente ―drogadicción y síndrome de abstinencia que son tanto literales como figurados― impiden ver con nitidez una salida a estos individuos. Hay, en el relato, una inclinación por el exceso y la autodestrucción, descritas de forma muy naturalista, pero también se dejan ver los efectos poéticos que produce la distorsión de la realidad debida al consumo de drogas. Al mismo tiempo, Óscar García demuestra una excepcional habilidad para dar a sus personajes una fisionomía específica, fruto de su pretensión de mostrar sin juzgar, para así humanizar a seres lesionados y amorales. La mirada del narrador es a veces fría y distante. No quiere implicarse en los dolores de los individuos. Bajo esta perspectiva, nada de lo que hacen tiene sentido, todo lo que hacen es disfuncional. Pero al narrar sus historias, García Sierra les otorga un sentido. Cada uno de ellos tiene una historia, es a la vez víctima y culpable. Y todo ello está contrapesado con medidos golpes de humor, muy negro la mayoría de las veces.

Fernando Larraz

Fernando Larraz es profesor de Literatura Española en la Universidad de Alcalá. Antes trabajó en las Universidades Autónoma de Madrid, Tübingen, Birmingham y Autónoma de Barcelona. Sus trabajos de investigación se centran en la literatura del exilio republicano de 1939, la censura editorial bajo el franquismo y la historia de la edición literaria en lengua española. Impulsó la fundación de Contrapunto, de la que ha sido director durante seis años.

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