La mina (1959) de Armando López Salinas y la canción Los mineros (2008) de Desakato retratan, en dos contextos históricos distintos, la dureza cotidiana de la industria minera española bajo el franquismo y después de él. A través de la figura de Joaquín protagonista de la novela, un campesino que emigra a una ciudad minera se ilustra la precariedad laboral, la falta de seguridad y la represión social y cultural propias del Régimen. Por su parte, la canción de Desakato, compuesta en democracia, recupera la misma memoria minera, alegando que las condiciones de inseguridad, los accidentes y las desigualdades apenas habían variado. Ambas obras convergen en una reivindicación de la conciencia de clase, la solidaridad colectiva y la urgencia de visibilizar el conflicto social en las cuencas mineras.