Barro: presencia en bruto. Sobre “Solo tierra, solo lluvia, solo barro”, de Montse Albets
Hay novelas que llegan con el ruido de los premios por delante. Es el caso de…
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Punto de araña, publicada en gallego en la Editorial Galaxia en 2025, es la primera novela…
Paula Escrig Peris, Debajo del lenguaje solo hay niñas llorando Madrid, Hiperión 62 páginas, 12,45 euros Paula…
Nada es una novela realista escrita por una jovencísima Carmen Laforet durante el periodo de la posguerra española. En ella, la narradora, una estudiante de dieciocho años llamada Andrea, viaja a Barcelona para convivir con su familia y estudiar en la universidad, con grandes expectativas y el deseo de prosperar como persona, quizás incluso con esperanzas de hallar la felicidad. Lo que encuentra al llegar es un panorama muy distinto del que ella se esperaba: un ambiente de violencia, relaciones y afectos falsos, la imposibilidad de integrarse del todo con su familia ni en la ciudad. Tampoco consigue encontrar el amor. En el proceso, se desvanece la ingenuidad de Andrea. ¿Cómo iba a lograr Andrea esos objetivos en la España de posguerra?, parece plantear su historia. Vamos a comentar esa violencia extrema que aparece descrita en Nada como reflejo del impacto de la Guerra Civil que había tenido lugar unos pocos años antes y que, de forma latente, aún persistía en aquellos años cuarenta. Además, al hilo de la cuestión, nos preguntaremos qué pudo llevar a una autora tan joven a escribir una novela tan cruda.
En conjunto, los datos que hemos recogido a lo largo de estas investigaciones permiten dilucidar con bastante claridad cómo funcionan los suplementos culturales y sus listas de mejores libros. En la conformación de estas, entran en juego muchos otros factores además de la calidad literaria: cuestiones como el peso de los grandes grupos editoriales, la repetición de ciertos perfiles profesionales en los jurados o la escasa diversidad en cuanto a edad, género o procedencia de los autores. En especial, uno de los mayores hallazgos de esta investigación tiene que ver con la notoria ausencia de mujeres, tanto como escritoras cuyas obras aparecen en estas listas, como en el jurado encargado de confeccionarlas.
En las profundidades de la noche emprenden el vuelo, más allá de los confines de la polis se extienden sus dominios, se mecen en el lecho del río peinando con sus cabellos su superficie prístina, recogen del árbol los frutos del saber, su atronador bramido emerge de las profundidades geológicas, sus bocas profieren melodías cargadas de fatídicas promesas, pasiones latentes y el relato de mundos que nacen y perecen en lo que se consume una vela. Nos cuidamos de ellas y a ellas acudimos de rodillas, suplicantes.
¿Por qué no recuerdas que Rea y Gea,
madres naturaleza,
te vieron nacer
y a veces tienen que verte ir?
Una novela polifónica sobre una estirpe condenada a no encontrar descanso, a ser olvidada pero a recordarse a sí misma. Ambientada en la sierra de las Guilleries, un entorno que dialoga con la anterior novela de Solà, la historia narra la vida de varias generaciones de (fundamentalmente) mujeres que habitan en el Mas Clavell y tratan de sobrevivir a una vida predestinada por el pacto que hizo la matriarca Joana con el diablo para encontrar marido.
Nuestros imaginarios del trabajo se han construido, a lo largo de la historia, a partir de las ocupaciones, empleos y desempeño laboral de los trabajadores varones. Por eso, cuando acudimos a las historias de la literatura social es habitual que nos encontremos con referencias a novelas que recogen la experiencia de los trabajadores, especialmente de los sectores agrícola e industrial: el duro trabajo agrario, la peligrosidad del trabajo minero, la explotación en fábricas o en el ámbito de la construcción son algunos de los escenarios que recorren las principales novelas consideradas de tendencia social del último siglo.
Es en la cuenca minera del Nalón donde se ubica la acción de “Carboneras”, una novela contada a través de diecisiete relatos narrados por separado que en su conjunto forman una historia entretejida convirtiéndose así en diecisiete capítulos de una misma trama. Nos metemos de lleno en el día a día de este “pueblín” que acoge a personajes entrañables, fieros, tiernos, abominables y que retratan la amalgama de personalidades que no faltaban en ninguna “parroquia” y, por supuesto, las mujeres, viudas, hijas, madres, hermanas y vecinas que son las verdaderas protagonistas.
Nacer con un trozo de carne
entre los dientes.
Las novelas “Fruta podrida” (Lina Meruane, 2004) y “Las cosas que perdimos en el fuego “(Mariana Enríquez, 2016) plasman la violencia ejercida sobre las mujeres y sus cuerpos, tanto en el plano físico y moral como en el sociopolítico y económico. En el presente trabajo se analizan ambas obras comparativamente y se explora el modo en el que las autoras ponen al descubierto situaciones reales y cotidianas que tienen lugar en Chile y en Argentina, sus países de origen.