Todo bajo control. «El buen patrón», de Fernando León de Aranoa

por Abr 7, 2022

Todo bajo control. «El buen patrón», de Fernando León de Aranoa

por

El buen patrón

Dirección: Fernando León de Aranoa

Reparto: Javier Bardem, Manolo Solo, Almudena Amor, Óscar de la Fuente, Sonia Almarcha, Fernando Albizu et alii

Duración: 120 minutos

Fernando León de Aranoa, clásico del cine español gracias a, entre otras, Los lunes al sol, nos deleitó en 2021 con El buen patrón, triunfadora de los Premios Goya de 2022. Con una película de tema dramático pero factura cómica, el director pone en la pantalla a un carismático empresario al que pueden conceder un premio a su labor. Un empleado díscolo despedido en el peor momento siembra el caos; además, un desliz amoroso con la nueva empleada, hija de un amigo, obliga al patrón, Julio Blanco, a hacerla trabajadora fija, contra su voluntad. Todo parece ponérsele en contra, pero, con cierto ingenio, la sonrisa del empresario triunfador —magníficamente interpretado por Javier Bardem— vuelve a su rostro y, una vez todo está bajo control —un muerto, un herido, un despedido y un lío de faldas después—, recibe su esperado premio.

La película de León de Aranoa es sencillamente magistral. Javier Bardem se convierte en el patrón clásico: paternalista, mafioso, calculado. Ante la posibilidad de que un empleado recién despedido le fastidie la obtención de su premio, lo ignora primero, trata de negociar después, lo soborna… y, viendo que nada da resultado, ordena que le den una paliza. El resultado: se deshace de él, justo como quería. El eterno subalterno Miralles —interpretado por Manolo Solo— es el único que acaba diciéndole la verdad de lo que es, aunque su inestabilidad le cuesta el despido a pesar de los años de amistad con el patrón. A él le da igual: consigue la estabilidad necesaria en la empresa y su ansiado premio. Solo una vez pierde el patrón los nervios: cuando se mancha la mano de mierda. En el resto de los casos, incluso al final, todo le sonríe al buen patrón.

El tema, enmascarado tras el sarcasmo y la sátira que vemos en la película, es una crítica a la apariencia que, paradójicamente, es lo que parece servir, pues el patrón consigue lo que quiere, aunque sea a un alto precio. Son los espectadores los que deben ver ahí una burla al sistema, una imperiosa necesidad de cambiar el modo en que se hacen las cosas, pues el hilo argumental de la película parece ir por otros derroteros. Es una película de pequeños gestos, impecablemente grabada. Justo al final de esta, parece que Fortuna va a matar al patrón, pero no. Hubiera sido un final trágico para algo que no deja de ser una comedia; al contrario, el patrón tiene todo bajo control.

La película tiene un toque de humor que roza lo ridículo. Hay multitud de gestos, de conversaciones, de equívocos. Todo parece apuntar a otra cosa, pero la realidad acaba imperando y todo queda en manos del patrón. Decíamos anteriormente que la película es de tema dramático; no debemos olvidar que el patrón consigue su premio —y volver a la normalidad— a un precio alto. Es una lección de vida, al fin y al cabo: todo tiene su precio, a veces es más alto y a veces es más bajo. Está en manos de cada persona aceptar (o no) la compra. El patrón apuesta y gana. Somos nosotros los que debemos ver que esa forma de ganar no es válida, que debemos aspirar a ser algo mejores, más morales.

En suma, la película es triunfadora por muchas razones, pero una de ellas, lógicamente, es por su tema, o, mejor dicho, por la forma de tratarlo, bajo la forma de una comedia hilarante que, durante dos horas, hace disfrutar a un público que, a la salida del cine, debe reflexionar sobre lo que ha visto y cambiar. Quizás esa sea la intención del director, que, por medio de brillantes actores, ha conseguido transmitir un mensaje contrario a la apariencia mostrando cómo con esta se consigue, cueste lo que cueste, tener todo bajo control.