Te conozco del pueblo de toda la vida. Sobre “Epifanía”, de Israel Merino
Epifanía, Israel Merino
Temas de hoy, 2026
19,90 euros
El jovencísimo Israel Merino firma con Epifanía una muy solvente segunda novela (la primera es Subura, Ediciones de Humo, 2021). ¿Estáis en uno de esos momentos en lo que no sabéis qué leer? Pues adelante con ella. Es un texto recomendable, sin duda. Disfrutón por ritmo y esqueleto, con un estilo atrevido y ágil que capta con facilidad los tonos y quiebres de la oralidad, aunque no carente de algún que otro desliz (sobre todo en las estructuras comparativas, por momentos demasiadas y algunas de ellas poco logradas). Pero es también recomendable por su contenido, claro: acaban de atropellar a una pareja de adolescentes en las afueras del pueblo. ¿Quién ha sido? No se sabe. ¿Importa? Sí, pero no tanto, porque lo que de verdad importa es la representación del pueblo, de la comunidad, de su gente y de sus dinámicas. Este es un pueblo ni muy grande ni muy pequeño ubicado en el interior de Castilla. Un pueblo llano, muy llano, con extensiones áridas y marrones en un horizonte en el que “no se veía nada más que tierra sequísima y hierbajos moribundos, aunque a veces se cruzaba cual ovni un labriego triste con su tractor”. Ah, y un calor para morirse en cuanto asoma la primavera. Y poco trabajo y segregación espacial y desigualdad social y rencores heredados y gente que se va y no vuelve, y gente que se va y vuelve, y gente que no se va y gente que, de fuera, llega de repente: FORASTEROS. Y los forasteros no gustan a nadie o a casi nadie. Al que menos, al sargento de la Guardia Civil del pueblo. Y, ay, si encima son extranjeros… ¡Inmigrantes! El pueblo es un microcosmos social cerrado en el que la diferencia de clase (intersección con la raza) es radical por clara: los de siempre y los nuevos, los del pueblo y los otros, la tradición y el cambio. La gradación de la exclusión, que actúa en todos los frentes, porque el nosotros (la comunidad) implica siempre un ellos. Y ellos “quieren destruir nuestro pueblo. Los de fuera quieren venir y destruirlo con nosotros dentro”.
Epifanía se divide en 5 capítulos, cada uno protagonizado por un habitante diferente del lugar. Estos capítulos podrían ser casi secciones independientes, pequeños relatos, pero no lo son, pues se relacionan entre sí no solo por el eje espacial compartido, sino –y sobre todo– por el atropello con el que arranca el relato, con el que los cinco están de una manera u otra relacionados. Pero el accidente es tan solo el hilo conductor de la trama y el motor de la intriga más superficial que la recorre. Lo que de verdad te mantiene con las páginas abiertas es el retrato del pueblo y las relaciones que se establecen en él, con sus bares, sus descampados, sus plazas y escondrijos; sus periferias y centros, el campo de fútbol, el polígono y el coche (mucho coche), sus viejos, sus adolescentes, sus borrachos y sus figuras de autoridad (el guardia civil, el cura, el narco, la vieja loca).
Los hallazgos de la novela son varios, pero sobresalen dos por encima de los demás. El primero: ni idealizar ni demonizar. Epifanía tiene la virtud de trabajar en la escala de grises que hay entre los extremos, y esto no es nada fácil. Por eso –y por ponerlo de manera sencilla– para algunos personajes el pueblo es lo mejor y, para otros, el más hondo de los infiernos. Cada cual a lo suyo. La sensación de quien lee es claustrofóbica, eso seguro, pero la verdad es que –nos guste o no– los individuos representados responden a una realidad para nada extraña o alejada. No son monstruos, son gente que vive en un lugar y un tiempo determinados. El segundo: la historización del presente. La novela es capaz de plasmar la heterogeneidad propia del medio rural sin hacer un mix sin sentido de ingredientes. Así, el desempleo, la inmigración, la despoblación, las drogas y el cambio climático aparecen en el relato para conformar una realidad múltiple y problemática desde una perspectiva crítica. La crisis de 2008 cercena el sueño industrial del pueblo y, con él, el futuro de muchas vidas. Ha pasado el tiempo, sí, pero la pregunta sigue rondando: ¿qué hacer? ¿Qué hacer? ¡¿QUÉ HACER?!
Doctora internacional en Literatura Española por la Universidad de Salamanca, con máster en Estudios Literarios por la Universidad Complutense de Madrid y Master of Arts in Spanish en la University of Wisconsin-Milwaukee, actualmente es investigadora posdoctoral Juan de la Cierva en la Universidad de Alcalá. En el pasado, ha sido profesora en la Universidad de Salamanca, en la UNIR, en la Universidad de Burgos, en la Universitat Jaume I y en la University of Wisconsin-Milwaukee, así como contratada posdoctoral en la Université catholique de Louvain. Es autora del ensayo "Ideología, poder y cuerpo. La novela política contemporánea" (Bellaterra, 2023) y escribe reseñas mensuales en el periódico Mundo Obrero.
