La inclusión de elementos de violencia física y simbólica en relación con espacios rurales o que se contraponen a la gran ciudad goza de una amplia tradición que no se agota. Una mujer solitaria protagoniza la última novela de Fernanda Trías, quien se adentra en el motivo del hostigamiento social y la marginalidad que trastorna. A través de El monte de las furias es posible hacer una lectura de preocupaciones morales, éticas y biopolíticas muy diversas. Interesa aquí centrarse en lo que nos aporta una obra que, si bien no resulta del todo novedosa, sí destaca por las reflexiones que puede suscitar a sus lectores y a sus lectoras. Su mayor virtud se encuentra en el retrato del descenso, y en cierta medida renacimiento, de la protagonista en un contexto de creciente hostilidad.